Argentina en los nuevos paradigmas

Miércoles 7 de mayo de 2014
Infinidad de veces se ha dicho que el mundo cambió. Sin embargo en estos tiempos la frase cobra una significación específica. Por cuanto los cambios que estamos experimentando no son secuenciales ni incrementales, sino que significan una ruptura con respecto a lo anterior.

Premisas fundacionales del conocimiento y la racionalidad se han volatilizado bajo los efectos de las nuevas representaciones. El mundo ordenado y previsible construido a deseo de los tiempos culmina siendo una ilusión fallida.

La configuración gráfica y referencia de ese universo fue el eje vertical. Las organizaciones sociales y económicas se diseñaron en esa modalidad. El cielo y el poder arriba, el infierno y la obediencia abajo. La política definía a las clases altas y bajas. Los despachos presidenciales en el último piso, los mandos bajos en el primero. Todo estaba cimentado a partir de la verticalidad, y el hombre debatiéndose entre estas polaridades espaciales.

Las nuevas teorías sobre inteligencias múltiples dieron por tierra con la creencia de una monopólica inteligencia lógico-matemática. La escuela del mañana nada tendrá que ver con aquella en que hemos sido escolarizados. Las empresas dejan de considerar a sus clientes como una masa uniforme y se abocan a estudiar para conocer sus diferencias, sus gustos y en especial, sus sueños. Comienza la comunicación particular con cada consumidor.

La tecnología no solo ha aportado instrumentos de cambio en el mundo social y físico, como lo ha producido en otras épocas de la humanidad. Ha transformado conceptos de tiempo, espacio, velocidad, distancia y comunicación. La gran novedad es que gracias a estas tecnologías estamos pensando distinto. Y pensar distinto nos llevará ineludiblemente a nuevos lugares.

La dirigencia del mañana deberá gestionar la diversidad. El tiempo que emerge es diaspórico, plural, disperso y pleno de matices. Los cambios que se avecinan demandan poder ser parte del todo sin dejar de ser uno mismo. Ese es el desafío. Y permítanme aportar una osadía: contará con inéditos dispositivos para llegar a la paz.

Argentina es permeable a estas grandes transformaciones. En especial sus nuevas generaciones ya están aportando sus cosmovisiones y valores. Dinamizan un proceso de metamorfosis cultural. Controversial y esperanzador.

Estas nuevas generaciones descreen de las instituciones tradicionales, desconfían de la política y de sus representantes, si bien no son indiferentes, aprendieron a desidealizar y a desapasionarse por temas que generado violencia, tragedia y desencuentro en nuestra nación. Demandan transparencia y sustentabilidad a rajatabla y a fuerza de viralizar sus temas en las redes sociales. Apuestan a la gestión, el desarrollo personal y al bienestar, sin que esto les resulte inapropiado.

Sería revelador enunciarle a una adolecente argentina en nuestros tiempos que no puede votar por su condición de género femenino. No tendría siquiera la posibilidad de indignarse pues directamente no entendería qué le están diciendo. Sin embargo su abuela votó por primera vez hace poco más de sesenta años y su bisabuela es muy posible que nunca haya podido elegir a sus representantes.

Seguramente esta joven ya no pregunta a sus mayores o a su pareja por quién hay que votar ni a qué partido adherir por toda su vida. Tendrá una alta sensibilidad para rechazar todo tipo de autoritarismo. Ella se siente libre para elegir, condición indispensable para construir el ejercicio democrático.

* Lic. Luis Mamone, Psicólogo especialista en cultura y educación. Director de Giacobbe & Asociados.