Ningún país es para siempre (Parte I)

Viernes 9 de mayo de 2014
El título de este artículo debería ser la oración final, la conclusión, aunque puesto desde el inicio define al tema de manera directa.

Ucrania ha sido en este último tiempo la caja de Pandora (tendremos que ver que pasará aún con Escocia y Cataluña), su problemática ha reavivado el tema sobre la formación de los países, y sobre el derecho de las minorías que están asentadas ancestralmente en un determinado territorio a declararse independientes.

Esto plantea también, y no es la primera vez, si un estado plurinacional es viable. Un estado plurinacional es una “unión” de naciones. Pero no es una nación.
País y nación, no son sinónimos.

Si se tiene la posibilidad de observar un mapa de Europa antes de la Gran Guerra, conocida después como la Primera Guerra Mundial, se verá una cierta cantidad de países. Después de la Primera Guerra, un número diferente. Después de la Segunda, el número es otro.
Desde de la caída de la Cortina de Hierro, se produjeron más cambios. El mapa europeo ha sumado unos veintidós nuevos estados en los últimos cien años. Aunque en realidad no sean tan nuevos, ya que estos territorios tienen siglos de historia.

A lo largo del tiempo y desde que el hombre se organizó, el cambio de fronteras ha sido constante. Imperios, reinos, naciones, países o ciudades-estado han aparecido… y desaparecido.

Todo estado cuando logra conformarse pretende preservarse en el tiempo, mantener su organización y sus símbolos. Si puede, influirá en otros y hasta se expandirá. Creará un cuerpo de leyes para evitar cualquier tipo de disidencia que pudiera llevar a su fractura. Se hablará de patriotas o traidores. De leales o independentistas. De más está decir que los partidarios de ambos bandos utilizarán estos calificativos como armas arrojadizas.

Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en las primeras estrofas del himno de la antigua Unión Soviética:

Unión indestructible de repúblicas libres.
Forjada para la eternidad, por la Gran Rus.
Salud a la obra creada por la voluntad de los pueblos,
¡La única, la poderosa Unión Soviética!

Palabras fuertes enmarcadas en una música poderosa de uno de los himnos más bellos del mundo. En la actualidad la Federación Rusa conserva la música, pero no la letra.

Pero, yendo a nuestro tema, ¿qué quedó de ella?
Nada.
No fue ni indestructible, ni para la eternidad.
Solo la voluntad del pueblo podía mantener esa unidad, pero no se dio, porque las lealtades siempre estuvieron en otro lado.

Todos los estados que la conformaban volvieron a sus fronteras etnolingüísticas. Lo hicieron las repúblicas bálticas, Moldavia, Bielorrusia, Ucrania…

Ahora son los rusos los que buscan aglutinarse, independientemente de donde hayan nacido. Esto vuelve a plantear otro viejo dilema: ius soli o ius sanguinis, derecho de suelo o derecho de sangre.
¿La ciudadanía la otorga el país donde se nació o por el contrario la nacionalidad es la de los padres?
Evidentemente para los rusos del este de Ucrania, de Moldavia y de otras ex repúblicas soviéticas, la respuesta a esta pregunta no presenta ningún tipo de dudas.