El “bullying” tiene consecuencias para toda la vida

Lunes 12 de mayo de 2014

El bullying es el maltrato que se da entre pares en el ámbito escolar, tanto por acción u omisión. Entre sus características específicas cabe destacar que se define por ser intencionado, crónico o sistemático – repetido en el tiempo- y basado en un desequilibrio de poder entre quienes cumplen los roles de agresor y víctima.

Estos criterios, que han logrado cierto consenso en la bibliografía profesional, permiten delinear el concepto de bullying. En este sentido, es fundamental- para no vaciar la problemática de contenido- saber que diagnosticar una situación como bullying implica reconocer un entramado complejo de interrelaciones que no se reduce sencillamente a un maltrato entre pares.

Según los datos del Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo (SERCE) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) desarrollado entre 2009 y 2011, Argentina es el país que tiene las cifras más altas de bullying respecto los otros 15 países Latinoamericanos que también participaron del estudio. El Informe PISA de 2012 revela además un alto nivel de insatisfacción de los alumnos en las escuelas.

Con estos antecedentes, podemos decir que el fenómeno del bullying no es nuevo, aunque sí ha ido adquiriendo mayor relevancia pública debido a los lamentables casos de las últimas semanas. Tomar conciencia del impacto que el bullying tiene en el bienestar psicológico y físico de los más chicos y en su aprendizaje es fundamental para empezar a desarmar el problema.

La clave es entender que nunca la violencia es cosa de chicos para evitar naturalizar situaciones que pueden ser prevenidas, erradicadas y revertidas. Como adultos, es nuestro deber inculcar la paz con el ejemplo e intervenir para proteger a nuestros hijos.

Lo más importante: la prevención
Trabajar sobre la prevención requiere, en primera instancia, capacitación específica en esta temática para docentes o directivos, que muchas veces no saben qué hacer o cómo intervenir ante este tipo de conflictos. En nuestro trabajo con instituciones educativas, es normal que aparezcan demandas por herramientas específicas de intervención.

Para los padres
Para detectar casos de bullying a tiempo, es clave la comunicación. Muchas veces los chicos no cuentan lo que les pasa por miedo o vergüenza. Pero siempre existen indicadores. Los más comunes: los chicos están más irritables o violentos con sus hermanos cuando vuelven de la escuela, disminuyen su rendimiento escolar o ponen excusas para no hacer cosas que antes disfrutaban.

No banalizar la cuestión
Es importante no banalizar el tema ya que eso no favorece el trabajo de contención. El acoso escolar es algo que los adultos tenemos que resolver: muchos chicos se acostumbran a vivir así simplemente porque no pueden revertir su situación por sí mismos. Si los adultos no hacemos nada, el problema crece. Lejos de resolverse cuando se termina la escuela, implica consecuencias psicológicas para toda la vida.

* Por Lic. Paula Sansalone, Vicedirectora de Equipo ABA (Anti Bullying Argentina) y psicóloga infanto-juvenil especializada en bullying y violencia escolar por la Universidad Católica Argentina (UCA).