Brasil, paralizado por huelgas contra el Mundial 2014

A menos de un mes de iniciarse el evento de fútbol más importante, siguen los reclamos de trabajadores y policías, demandas sociales y protestas contra la Copa. El dolor de cabeza de Dilma. La inseguridad de un país.
Viernes 16 de mayo de 2014
Brasil enfrenta un escenario difícil que pone a prueba su seguridad y organización a sólo 28 días que arranque el Mundial de Fútbol. Huelgas de trabajadores y policías, demandas sociales y protestas contra la Copa del Mundo.

Las protestas comenzaron a primera hora de ayer en San Pablo, en una jornada en la que hubo 50 manifestaciones en 10 de las 12 ciudades mundialistas. Las protestas se enmarcan en la llamada Jornada Internacional de Luchas contra la Copa, por lo que hubo movilizaciones en ciudades de Latinomérica y de Europa.

Con neumáticos en llamas, unos 5.000 manifestantes del Movimiento de los Trabajadores sin Techo (MTST) gritaron consignas contra el gasto público en la Copa y exigieron viviendas dignas a apenas 300 metros del estadio inaugural del Mundial, el Arena Corinthians en San Pablo. Con enormes carteles que decían "Copa sin Pueblo, en la calle de nuevo" y gritando consignas contra el Mundial, los manifestantes, en su mayoría vestidos de rojo, bloquearon el tránsito en varias avenidas. No hubo enfrentamientos por lo que la marcha fue pacífica, aunque batallones de la policía permanecieron cerca.

Asimismo, para preservar el flamante estadio de eventuales actos de vandalismo, aficionados del Corinthians que integran las “barras bravas” acudieron también al lugar para protegerlo.

LA PESADILLA DE DILMA

Las protestas a menos de un mes del inicio del campeonato mundial son una pesadilla para la presidenta Dilma Rousseff, cuya popularidad se derrumbó hace un año por una ola de masivas manifestaciones durante la Copa Confederaciones.

El gobierno quiere que el torneo, seguido por más de 3.000 millones de personas en todo el mundo, sirva para mostrar la nueva imagen de Brasil como potencia emergente. Pero los preparativos fueron ensombrecidos por retrasos en la construcción de los estadios, sobrefacturación de las obras y sospechas de corrupción.

Trabajadores y movimientos sociales aprovecharon la cercanía del Mundial para presionar por demandas que van desde aumentos salariales hasta viviendas populares.

Millones de brasileños salieron el año pasado a las calles durante la Copa Confederaciones, derrumbando la popularidad de Rousseff.

Con las elecciones en octubre, otro resbalón en los sondeos durante el Mundial podría resultar fatal para su reelección.

Este jueves, más de 1.500 familias ocuparon un terreno privado a escasos 4 kilómetros del estadio mundialista y bautizaron esta nueva favela como Copa del Pueblo, en reclamo por los gastos en que Brasil incurrió para organizar el Mundial, calculados en unos 11.000 millones de dólares.

Asimismo, las importantes autopistas Marginal Tieté y Marginal Pinheiros que circundan San Pablo fueron bloqueadas por manifestantes sindicales y de movimientos sociales, lo que empeoró el ya caótico tráfico de esta ciudad de 11 millones de habitantes. Cientos de trabajadores metalúrgicos y del metro paulista manifestaron por su parte en otras zonas de la ciudad, donde también los profesores de la red municipal de escuelas están movilizados desde hace días.

En la rica región de Morumbí, en el sur de la capital paulista, otros manifestantes cortaron el tránsito.

El ministro de Deportes de Brasil, Aldo Rebelo, le bajó el tono a la ola de protestas premundialista y dijo que "no tiene por qué haber pánico". Según dijo, las demandas no tienen nada que ver con la Copa. Los movimientos de huelga se suceden en diversos sectores del país.

En Río de Janeiro, que acogerá siete partidos del Mundial, entre ellos la final el 13 de julio, una huelga de 48 horas paralizó esta semana al menos un 60 por ciento de la flota de colectivos y dejó cientos de vehículos dañados. Los custodios bancarios cariocas también están en huelga, al igual que la policía de Recife.

La Policía Federal, a su vez, evaluaba decretar un paro nacional por mejoras salariales, que afectaría la seguridad y la migración en aeropuertos y fronteras, aunque la Justicia prohibió que se realicen durante el torneo. Brasil espera recibir a 600.000 turistas, además de los tres millones de brasileños que viajarán dentro del territorio.