Juan Carlos I: supo poner la monarquía al servicio de instituciones republicanas

Martes 3 de junio de 2014
SM el Rey Don Juan Carlos I de España acaba de abdicar en favor de su hijo, SAR el Príncipe Don Felipe de Borbón y Grecia, quien seguramente será jefé de Estado con el nombre de Felipe VI, una vez que se siga el trámite parlamentario de rigor, a través de una ley.

Se cumple de está manera con la sucesión ordenada en la jefatura del Estado que caracteriza a todas las monarquías.

El mundo está en crisis y muchos, tratando de llevar agua para su molino, aprovechan para descargar sus resentimientos contra la institución de la monarquía que dignamente ha representado Don Juan Carlos I.

La monarquía que el Rey Juan Carlos I ha encabezado ha sido una institución que supo arbitrar las instituciones republicanas que habitan dentro de toda monarquía en armonía y paz, aunque con la pasión lógica de la sangre ibérica.

Hoy algunos pocos españoles marginales están haciendo destrozos para pedir por la venida de la Tercera República Española. Evidentemente no han aprendido de las lecciones de la historia: la Segunda República comenzó el 14/04/1931 y en apenas 5 años causó, por su falta de equilibrio institucional (propio de la república), el comienzo de la Guerra Civil Española, un millón de muertos y cientos de miles de mutilados (julio de 1936/39). La falta de un Arbitro Institucional (el Rey) fue la causa de semejante enfrentamiento. Los jefes de estado políticos (presidentes) lejos de aquietar las pasiones, las enardecen por su arbitrariedad en el ejercicio del Estado. La Segunda República es la causante de ese desastre.

Lo que debemos entender es que los monárquicos no somos antirrepublicanos sencillamente porque eso sería como estar en contra de una parte constitutiva de la monarquía.

De hecho, una república no es más que una monarquía incompleta, es decir, un esquema organizativo al que le falta el funcionario profesional -. no político (el Rey), cuya función es representar al Estado como jefe del mismo y cuya tarea esencial es controlar al Gobierno de turno y ser Arbitro Institucional.
Esa es la función principal (bastante recortada por los políticos) que la Constitución Española de 1978 le asignará a Felipe VI. Ni más ni menos que ser el Arbitro Institucional “que arbitre y modere el funcionamiento regular de las instituciones” (art 56.1 Constitución de España).

Y lo ha hecho bien su padre Don Juan Carlos I: defendió la democracia española y no hubo ninguna Guerra Civil en sus casi 39 años de reinado.

En este punto debemos recordar algo que pocos resaltan: la división de poderes es una evolución de la monarquía, no de la república.
Ya la monarquía británica en el siglo XVIII había bosquejado y lo llevaba a la práctica la división de las instituciones republicanas (la Res Pública) en 4 poderes (Poder Legislativo, Poder Judicial, Gobierno -primer ministro- y Estado -rey-)
Cuando EEUU obtiene la independencia en 1776 y elige el esquema republicano de 3 poderes (Poder Legislativo, Poder Judicial y Poder Ejecutivo) se produjo entonces una involución institucional dictatorial que se constituyó en un (mal) ejemplo para las Cartas Magnas de toda Latinoamérica.
Pocos notaron que, sibilinamente, dentro del concepto de “Poder Ejecutivo” se juntaba el agua y el aceite: se fundía Gobierno y Estado en un solo ente (el presidente)… como si fueran lo mismo.

Y todos sabemos por nuestras lecciones de Instrucción Cívica elemental que “Gobierno” es una cosa, y “Estado” es otra completamente diferente.
Los dictadores más feroces del siglo XX, genocidas ellos (Hitler y Stalin) surgieron de sendas repúblicas cuya característica institucional fue juntar en la persona del dictador el Gobierno y el Estado..Y en general, los dictadores de todas las épocas, desde el punto de vista institucional, han juntado en su persona Gobierno y Estado. Han sido Juez y Parte.
No solamente Gobierno y Estado son diferentes sino que más aún: son conceptos totalmente antitéticos.

Basicamente el Gobierno es el partido político ganador de una elección. La visión de todo Gobierno es cortoplacista. El político no ve más allá de la próxima fecha electoral y ordena (o intenta permanentemente hacerlo) todos los recursos económicos financieros y humanos a su alcance en función de ganar la próxima elección. A ello se debe la crisis mundial que es, básicamente, una crisis de endeudamiento y exceso de gasto por corrupción. El esquema republicano basado en la demagogia es el exclusivo culpable de esto.

Por otro lado el Estado nos representa a todos y sus componentes esenciales son la Justicia, la Seguridad, la Educación y la Defensa. Todas cuestiones de largo plazo que no deben ser politizadas y por lo tanto su andamiaje debe depender de un funcionario no político con prestigio y poder para controlar y moderar las ansias de poder desmedido de los políticos. Unicamente un Rey tiene esas características.

Dado que el Estado es el Controlador y el Gobierno, el Controlado, lo correcto es como sucede en la monarquía:

El Rey es un jefe de Estado Profesional (Arbitro Institucional) preparado desde pequeño para dicha tarea. Es un funcionario no político (en el sentido partidario) sin el pecado de la demagogia y sus demoledoras consecuencias institucionales .

¿A alguien se le ocurriría que en un partido Boca-River, que Bianchi (o Ramón Diaz) sea el árbitro de dicho partido?
Obviamente no.
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Pero sin embargo en la república se acepta que el presidente electo sea Gobierno y Estado al mismo tiempo. Sea Juez y Parte institucional. De esta forma cada acto eleccionario se convierte en la toma por asalto de las estructuras permanentes del Estado (Justicia, Seguiridad, Salud, Educacion y Defensa) por parte de los punteros políticos del partido político vencedor. Y el Estado es destruido en beneficio del Gobierno de Turno.
En la república no existe el Estado; sólo existen Gobiernos con exceso de poder que gobiernan a través de Decretos de Necesidad y Urgencia, y leyes de superpoderes inconstitucionales.

Es decir, el presidente es Controlador y Controlado al mismo tiempo; con lo cual nos aseguramos de que los controles institucionales desaparezcan y surge la hipercorrupción institucional, donde ya no sólo los individuos son los corruptos sino las instituciones.

Por eso la república es el paraíso de la corrupción institucional.
Sencillamente porque comete el pecado de no separar correctamente como lo hace la monarquía, el Gobierno y el Estado. Al Controlador del Controlado. Al Juez de la Parte.
Por ello, para poder volver a tener un Estado al servicio de la democracia y sin corrupción institucional, es necesario la monarquía constitucional moderna en Argentina. Abrir la mente es bueno en épocas de crisis…

Para ahondar, los invitamos al facebook “Movimiento Monárquico Argentino”.


*Mario Santiago Carosini: Presidente del Movimiento Monárquico Argentino