He venido a Brasil

Sábado 12 de julio de 2014

Llegamos a Río, tan increíble como real. Aquel canto de Guerra, aquella ilusión de hace un mes, casi inexplicable, se transformo en realidad. Vamos a jugar la final del mundo y la verdad, todavía no caigo. Pero estamos...

Para llegar a Río desde San Pablo hay que atravesar varios morros e ingresar por la Avenida Brasil (si, la de la novela), pero créanme que no tiene nada de mágica. Para hacer ocho kilómetros tardamos una hora a paso de hombre y la salida que nos lleva al centro de la ciudad está cerrada por reformas.

A eso, hay que sumarle los problemas de tránsito habituales y el blindaje policial montado por la final de la Copa del Mundo. No importa, estamos acá. La lluvia le puso un condimento especial al arribo, es cierto, pero no interesa. Ya nada interesa. Muchos argentinos buscando un lugar para pasar la noche. Hoteles? Casi nada. Algunos albergues transitorios adaptados como tales, sirven...y si es con tu pareja, mejor.

Todo por una final, por una entrada. A cuanto? de cuatro mil dólares para arriba y con suerte!. La locura de pagar más de cien mil pesos parece un chiste de Internet. O no. El empleado que revisa mi credencial me cuenta que un compatriota le ofreció cinco mil dólares por la suya. Le creo. Pero no importa, todo vale.

El ingenio argento crece día a día y más de uno cree que lo va a lograr. Por lo pronto, ni playa en Copacabana , ni en Barra de Tijuca. el destino es el Maracana a la espera de conseguir algo que les abra la puerta a la gran ilusión de todos y después sí, iremos al Cristo Redentor a agradecer tantas alegrías.

Por ahora, tensa calma que en cuarenta y ocho horas puede transformarse en una locura similar a la de Avenida Brasil.