Los jubilados no deberían tener que trabajar para poder subsistir

Martes 19 de agosto de 2014

En la actualidad, el 62 por ciento de los jubilados cobra el haber mínimo de $2.760. Esta situación genera que cada vez más abuelos deban volver al trabajo para poder subsistir.

Desde hace cinco años, la Defensoría calcula la “canasta del jubilado” en base a mediciones que se realizan en mayo y septiembre de cada año. Es una canasta que no sólo incluye alimentos, transporte y remedios, sino también los costos de la vivienda.

Si tomamos el haber mínimo, que en septiembre se actualizará a $3.230, y lo confrontamos con la canasta de $5.600 pesos (calculada en mayo), vemos que la diferencia es muy grande. Lo que hemos observado es que la mayoría de los jubilados que no tiene ningún otro tipo de ayuda debe recurrir al trabajo.

No descarto el aspecto positivo de poder continuar con la actividad, pero una cosa es hacerlo por voluntad propia y otra muy diferente es hacerlo como un deber para poder subsistir.

Por otro lado, volver a la actividad por necesidad también genera grandes circuitos de explotación del adulto mayor, dado que se los hace trabajar en negro, en tareas riesgosas o penosas para su estructura física. Además, son mal pagos y cuentan con poca cobertura de seguridad.

Hemos encontrado jubilados en trabajos con altos grados de estrés como manejar un taxi o un remise al igual que en empresas de seguridad, en las que los controles son muy laxos. En ese sentido, uno se pregunta cómo puede reaccionar una persona mayor que cuida un edificio ante un hecho de violencia.

Además, hubo un fuerte incremento en artículos decisivos para la vida del jubilado, por ejemplo los alimentos frescos y los hipocalórico, que tienen una alta tasa de consumo en los enfermos crónicos.

A eso hay que sumarle los fuertes incrementos en los medicamentos, incluso a pesar de las quitas que se hacen la farmacias. En los últimos meses hablamos de aumentos de entre un 45 o 50 por ciento. Esto no solo influye por vía directa sino que lo que no recae sobre el jubilado lo paga el PAMI o la obra social. Entonces, la partida en medicamentos de las obras sociales va absorbiendo recursos de otras partidas, por lo que la atención en general se va resintiendo.

Por último, cabe destacar que el rubro vivienda representa casi un tercio de esta canasta. Muchos jubilados tienen casa propia pero pagar los servicio y las expensas representan una carga importante para quien percibe la mínima. Una situación similar o peor enfrentan quienes deben alquilar un departamento (al menos $2.000 por un dos ambientes) o una pensión ($1.200, con baño compartido).

A raíz de esta grave situación, planteamos la necesidad de un aumento de emergencia de $1.000 para combatir el atraso histórico de los haberes y paliar el estado de angustia que vive el jubilado.

Dr. Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad de la Ciudad.