El maltrato infantil es una realidad cotidiana

Martes 26 de agosto de 2014
El instinto materno (o paterno) y la familia tradicional idealizada como fuente unívoca de cuidado ya no se sostiene a la luz de la realidad que vemos cotidianamente. La mayoría de los casos de maltrato, negligencia o abuso sexual infantil son cometidos por familiares o conocidos “confiables” de las víctimas.

En los casos de extrema violencia (como el de la beba asesinada por sus padres en Río Gallego) no se puede hablar en abstracto, sería necesario examinar las condiciones mentales en las que se encontraban los victimarios. Sin embargo, desde lo cultural, muchos casos se relacionan con la naturalización de tipos de crianza donde el castigo físico es aceptado. Estas situaciones se dan con más frecuencia de lo que la sociedad habitualmente conoce.

Cuando se trata de niños tan pequeños, la pregunta es qué deseos tenía la pareja de tener un hijo y su contexto social. Muchas de estas familias carecen de recursos sociales, de redes de contención, de recursos económicos y también de organismos de asistencia y seguimiento para familias con problemas de violencia.

Desde la salud mental nunca hay un único factor aislado, siempre hay que articular diferentes elementos. Uno bastante importante es el deseo de tener un niño, hoy en día hay muchas madres adolescentes o en condiciones de vulnerabilidad. Hay muchos factores que se suman para que el resultado sea este. El maltrato infantil es una realidad cotidiana en nuestro país, es mucho más frecuente de lo que se cree.

En este sentido, insisto en que el mito es que hay que cuidarse del “hombre extraño que te da caramelos” cuando en realidad la mayoría de los casos de maltrato se dan dentro de los propios hogares.

Como sociedad nos enteramos de los casos que terminan en muerte pero hay hechos muy serios de maltrato que no llegan a los medios. Lamentablemente, sólo conocemos los casos extremos, mientras que muchos otros quedan invisibilizados. Esta situación se da, en parte, porque muchos consideran que la casa, puertas para adentro, es un mundo privado donde nadie debería tener injerencia. Así, muchos niños quedan absolutamente desprotegidos.

En cuanto a las consecuencias, uno ve muchas perturbaciones del desarrollo y de la personalidad de los chicos. Las víctimas de maltrato tienen alteraciones emocionales y conductuales, por ejemplo, no pueden estudiar y tampoco vincularse socialmente. Tristes o hiperactivos, las alteraciones pueden ser muchas. Cuando a la falta de atención se le suman los cuidados punitivos (“si no haces lo que te digo, te pego”), el cóctel es terrible. Además, en la adultez tienden a repetir los modelos de conducta que ellos han internalizado. Las consecuencias del maltrato son muy nocivas porque afectan el nivel básico de seguridad y autoestima.

Finalmente, podemos asegurar que la mejor prevención contra la violencia infantil es la detección temprana los casos. En este sentido, el rol del Estado, a través de las escuelas y los hospitales, es clave.



Dra. Virginia Berlinerblau, Médica Forense de la Justicia Nacional, especialista en Psiquiatría infanto-juvenil y en Medicina Legal