Breve historia del "Virrey"

Jueves 28 de agosto de 2014
Carlos Bianchi fue un hombre fiel a sus principios desde la época de goleador implacable hasta la de técnico exitoso, y nunca saltó la verja ideológica que lo separaba del poder, aún cuando le tocó estar del otro lado del mostrador, como ocurrió durante su breve permanencia como director deportivo de un Boca Juniors que hoy le puso punto final a su carrera.

El "Virrey de Liniers" ya había anunciado que no habría más Bianchi después de éste, su tercer paso por el club de la Ribera, y a los 65 años (nació el 26 de abril de 1949), la edad en que se jubila cualquier trabajador, él pasó hoy su trayectoria al bronce de "técnico más ganador en la historia de Boca".

Bianchi fue un hombre que se hizo a sí mismo, guiado por el manual de la calle que le escribió Amor, su padre "canillita", al que refiere en cada acto de su vida mirando al cielo, así como a su devota esposa Margarita.

Tipo de barrio, con códigos que intentó transmitir a sus hijos Brenda y Mauro, "Carlitos" se nutrió del "charmé" europeo que le brindó su permanencia de 14 años en Francia, en dos períodos de siete (73 al 80 como jugador y del 84 al 91 como entrenador), y de esa combinación salió una personalidad adaptable al "oro y el barro".

Stade de Reims, París Saint Germain y Racing de Estrasburgo lo vieron inflar redes en una liga francesa que en la década del 70 estaba afincada en una segunda línea en el fútbol europeo, después de consagrarse campeón y también goleador en Argentina con Vélez Sarsfield, equipo del que es confeso hincha.

Y como técnico, salvo Racing de Estrasburgo, al que reemplazó por el Olympique de Niza, también supo dirigir a todos esos equipos franceses cuando dejó de vestir los cortos en su querido Vélez, el primero de los dos clubes en los que trabajó como entrenador en Argentina.

Con Vélez grabó su idolatría en las inéditas Copas Libertadores e Intercontinental, algo que lo llevó a Boca, donde repitió con creces y se permitió superar a un histórico ganador como el "Toto" Juan Carlos Lorenzo.

Y hasta se dio el lujo de echar por tierra con ese slogan de "segundas partes nunca fueron buenas", cuando después de los éxitos internacionales cosechados entre 1998 y 2001, repitió entre 2003 y 2004.

La deuda que quedó en el medio de tantos éxitos fue internacional, ya que tanto en la Roma, de Italia, donde virtualmente se lo "comió" un plantel de estrellas (dirigió 34 partidos), como en Atlético de Madrid (solamente 20), no pudo imponer su estilo. Y ahora, después de un interregno de casi ocho años sin dirigir, algo parecido le sucedió en este Boca que lo encontró luchando codo a codo con Juan Román Riquelme hasta un mes atrás, para quedarse solo y triste en el final, amparado tan solo por el indeformable cariño que le tributa incondicionalmente el hincha.

Bianchi llegó a la meta mucho antes de este tercer retorno, pero quiso seguir más allá y no había más allá. Así como les sucedió a otros grandes como César Menotti, Carlos Bilardo o Alfio Basile.
Con él se termina, estilos al margen, una era de grandes entrenadores de la vieja escuela del fútbol argentino.

Esa que los vio germinar como futbolistas en el comienzo de la segunda mitad del siglo XX y los puso en el pináculo de la gloria como entrenadores hacia fines del mismo, pero los terminó expulsando del sistema en los albores del XXI.

Bianchi saldrá hoy en todos los medios vinculándose con Boca Juniors, pero su trayectoria excede cualquier institución, aunque sea la más popular de Argentina. Y él tiempo, como siempre, lo pondrá en su verdadero sitial, aún cuando a diferencia de sus colegas mencionados, nunca haya podido, o querido, dirigir al seleccionado argentino.