Diario del Mundial de Básquet: Hasta las lágrimas

Domingo 31 de agosto de 2014
Fue un día cargado de emociones. Quizas no debería enforcarme en lo que yo sentí, porque hubo un partido de básquet de la selección que es mucho más importante. Pero es más fuerte que yo. El triunfo ante Puerto Rico valió oro por varias cuestiones: fue el primer partido, siendo clave arrancar ganando; fue ante un rival duro y que conoce de memoria a la Argentina, y llegó luego de una preparación mediocre del equipo de Lamas. Valió su peso en oro porque fue un puntapié con el pie derecho. Pero hablaba de mis emociones... así que lean.

Fuera del básquet, comencé el día con colegas recorriendo en bus toda la ciudad de Sevilla. El paseo de las Delicias, la Plaza España, el castillo de verano de la reina, los callejones sevillanos, los monumentos históricos, el sol abrasador que guió toda la mañana. Fue un momento especial conocer una nueva ciudad que nunca estuvo en mis planes, ni prioridades visitar o descubrir. No se la pierdan, Sevilla es hermosa por donde se la mire.

Luego, pasadas las 15 horas, era momento de centrarse en el deporte. Al fin y al cabo, para eso estoy aquí, para cubrir el evento más importante de mi vida. Notebook, tablet, celular, guia del campeonato, anotador, grabador. Todo listo para ir al Palacio de los Deportes y esperar el debut.

En el colectivo número 20, ese que me (nos) dejó en la puerta del estadio estuvo plagado de argentinos. Primeras emociones. Conocer gente nueva, que sienten la misma pasión que uno por el básquet, fue un buen comienzo. Pero lo mejor estaba por venir. Ya se que es un lugar común, pero fue lo que realmente pasó.

Luego de conseguir un bendito cable de red para sentarme en la tribuna de prensa me propuse caminar y charlar con periodistas. Por delante mio pasó Alvaro Martin. Quizás no lo conozca la mayoría, pero es (a mi entender) el mejor relator de básquet del mundo. Su tarea en ESPN inspira y siempre pense que debería ser en persona igual de inspirador. Bueno, lo es. Me dedicó más de 10 minutos, conversamos de básquet, del apretado triunfo de Croacia con Filipinas, de las chances de Argentina y de lo mucho que su tarea me convenció de lo que quería ser en esta profesión. Fue un momento inolvidable, creanme.

Seguí mi camino. Faltaban minutos para el partido, y encontré a más periodistas que uno respeta y mucho. Marcelo Zlotogwiazda, Fernando Bravo, Miguel Simon, todos fanáticos del básquet y que se encuentran en España siguiendo a la selección. Conversar con cada uno de ellos, y ver que lo ponen al mismo nivel a uno es increíble. Ya era hora del básquet y de terminar las tertulias.

La sorpresa fue el arranque argentino. Arrollador ante un Puerto Rico que se vio sorprendido con el planteo de Lamas. Prigioni, Campazzo, Herrmann, Nocioni y Scola salieron a la cancha como titulares. A los puertorriqueños les costó encontrarse cómodos con los cambios de marcas, la intensidad argentina en defensa, y la alta efectividad en ataque. El segundo cuarto fue más parejo, el rival encontró algo de aire en errores de la albiceleste y emparejó las acciones.

La segunda mitad fue perfecta para Argentina. Llegó a sacar más de 20 puntos de ventaja en varias oportunidades y poco a poco deshilachó al oponente. Las actuaciones de Selem Safar (el único tirador nato argentino) y el mismo Chapu Nocioni se convirtieron en fundamentales para llegar al último cuarto con la historia definidia. Lamas aprovechó y le dio minutos a Delía, uno de los juveniles argentinos que pide pista, y que sirvió para permitirle descansar a Scola. Pese a eso, Luifa se las ingenió para ser el goleador sin que el ataque argentino dependa exclusivamente de él.

El final fue con Puerto Rico muy desdibujado, cometiendo faltas antideportivas y con un JJ Barea como figura acaparadora del juego y sin buscar ayuda de sus compañeros, que tampoco hicieron mucho para cambiar la historia. Paliza en el score final (98 a 75) y a esperar por los jugadores en la zona mixta para escuchar sus sensaciones.

Así fue llegando el desenlace de la jornada deportiva. Volvimos caminando hacia el bus con periodistas y seguíamos hablando de básquet. Interiormente saltaba de la felicidad, porque hablar las 24 horas de este deporte hermoso no pasa todos los días y le estoy sacando el jugo a esta experiencia.

La vuelta en el 20 fue rodeada de puertorriqueños, españoles y argentinos. Todos cantando Bandoleiro, pese a que yo sólo me sabía el estribillo, y gracias a una guitarra que había perdida en el bus, el coro explotaba. Periodistas, hinchas y sevillanos anónimos juntos cantando.

Bajamos del bus con Jonatan, mi compañero y colega de emociones, y seguimos caminando y charlando de básquet. El siguió a su cuarto, yo al mio, bajé a comprar comida (la primera del día, y el hambre ni se notó) y me puse a escribir. Salió esto que leen. Será largo, cursi, será lo que quieran que sea. Pero yo estoy llorando en el teclado y ni siquiera tuve que reescribir nada. Simplemente me senté y escupí sensaciones. Espero las disfruten y sientan lo que siento yo en este momento: FELICIDAD.