Diario del Mundial de Básquet: sufriendo, a octavos

Martes 2 de septiembre de 2014
Para el tercer día de competencia tenía pensado ir algo más temprano al Palacio San Pablo. Mi idea era ver el encuentro entre Croacia y Senegal, pero Sevilla pudo más y me lancé a caminar, a recorrer, bajo el afixiante calor. Caminé por el casco histórico, la plaza del Duque y la plaza de la Encarnación, con su imponente Metropol, una construcción extraña, de aspecto de inmenso panal de abejas y que recubre un mirador de los más lindos que me ha tocado visitar.

Luego, sí, tomé el 20 hacia el estadio del Cajasol. No llegué a ver el final de uno de los batacazos del campeonato hasta aquí, la derrota de los croatas ante los africanos, que dejó el Grupo B patas para arriba. Entonces fui directo a la sala de prensa, donde comencé a trabajar y tomar anotaciones.

Nuevamente me crucé con los colegas de Croacia. Esta vez no estaban alegres como cuando vencieron a nuestra selección, ya que la derrota caló hondo en su humor. Me animé de todas formas y les pregunté qué había sucedido. Enojados respondieron que al equipo se lo vio falto de alma, sin precisión y con aparentes pocas ganas de jugar el partido. Criticaron a su entrenador por no haber inflado el pecho de sus dirigidos, y destacaron el nivel de los senegaleses.

Cambié de vereda y conversé con el periodista de Senegal más claro para hablar inglés. Destacó la tarea de Dieng, su figura (jugador NBA), la fuerza con la que defendieron y sobretodo los aciertos en los minutos finales, esos que permitieron el sosprendente triunfo. Fue la segunda victoria en fila de los africanos, y ya son catalogados como la gran sorpresa del Mundial. Por suerte, me contaron, se vio a parte del cuerpo técnico argentino viendo el encuentro, haciendo scouting (análisis del rival), para conocer al equipo que enfrentará la selección este miércoles.

Era hora de ir a la tribuna de prensa y preparar el match ante Filipinas. No hay rivales fáciles en un torneo de este calibre. Seguro que no. En un Mundial tenés que tomar cada partido como el último, porque nunca sabés cuándo podés resbalar. Argentina estuvo cerca de hacerlo, pero distintos detalles (esos que critiqué no se tuvieron en cuenta ante Croacia) torcieron la historia para bien.

Antes de meternos en el partido, me ha quedado información que quiero compartir con ustedes. Conversé con un integrante de la Federación Española de Básquet acerca del futuro, más precisamente de la Copa del Mundo que se jugará en 2019. Me contó que Filipinas suena para organizar ese certamen. ¿Razones? Varias: en ese país, desde la profesionalizacion, ha crecido mucho el amor por el basquet. Si bien aún la estructura no es acorde, por ahora, se está trabajando en cambiarla. Además me contó que los hinchas filipinos han sido de los que más entradas han solicitado para España 2014, llegando a casi 1500 abonos para todo el campeonato. Por último, si el país asiático avanzaba a la próxima instancia, era casi un hecho organizarán el próximo Mundial. No lo han hecho, por lo que entra a tejer la chance que China pueda ser anfitriona.

Ya informado esto, es hora de hablar de básquet. La selección de Lamas volvió a salir dormida al campo de juego. No pudo contener el planteo rápido, de pocos segundos de posesión de su rival, y llegó a estar 10 puntos detrás en el marcador, encendiendo la alarma de todos en el estadio. Poco a poco fue encauzando la tarde con grandes apariciones de Herrmann y Campazzo.

En ese desorden que planteaba Filipinas, Argentina no encontraba cómo aprovechar todos los aspectos que lo separan de una selección en formación con la experiencia que acarrean los nuestros. Entonces Lamas comenzó a buscar variantes. En esa búsqueda, encontró en Marcos Mata al catalizador para dar vuelta la historia. El nuevo jugador del Franca de Brasil arrancó defendiendo, doblando las marcas en el poste bajo para ayudar a contener a Blatche, principal arma filipina, y tirándose de cabeza por cada balón suelto. El problema era que a cada doblaje, quedaba un tirador abierto, y así el rival llenó la canasta argentina de triples, e incluso lo hacía con las marcas encima, destacándose De Ocampo, Dalistan, y más adelante Alapag.

El segundo cuarto se emparejó y Argentina terminó la primera parte arriba en el marcador. Ya estaba en cancha Nicolás Laprovittola, el hijo de Margarita Stolbizer, que debutó en el campeonato y lo hizo con mucho criterio para conducir al equipo cuando no estaba Campazzo en cancha o cuando Prigioni tuvo que sentarse por problemas de faltas.

Filipinas tuvo que bajar la intensidad porque se cansó y eso lo llevó a cometer errores. Cuando tiene que poner el balón en el piso, jugar sistemas y avanzar con ataques estáticos, paradójicamente, pierde poder y se desacomoda sin tener ideas para anotar. Entramos al último cuarto con una ventaja cómoda, pero el equipo de Lamas se echó una de las siestas características y llegamos a los minutos finales muy igualados, con chances de perder incluso.

Aparecieron la mano del entrenador, por suerte, que dejó en cancha a Laprovittola muchos minutos (relegando a Campazzo) y a Mata (en lugar de Herrmann). Sumados a la enorme tarea defensiva de Nocioni y el oficio de Scola, Argentina llegó al minuto final con ventaja. Hasta que se dio la jugada más imporante del encuentro: los nuestros ganaban por dos, Filipinas pidió tiempo, y puso todos sus tiradores en cancha; Lamas, ni lerdo, ni perezoso, hizo lo propio, sentó a Scola y puso a Mata sobre la marca de Alapag, que venía de clavar tres triples en 10 minutos. Marcos se hizo enorme y con un tapón cerró su mejor tarea en la selección argentina. Sumados a los 17 puntos y su alta efectividad de tres, se llevó el trofeo al mejor del partido.

Luego de eso vi la hecatombe de Puerto Rico ante Grecia, que eliminó de la competencia a los puertoriqueños. Eran casi las 11 de la noche cuando finalmente subí al bus. La temperatura, que llegó a marcar máxima de 47 grados (nunca sufrí tanto calor en mi vida), ya había descendido considerablemente y llegué al hotel para desplomarme en la cama y escribir esto que leen.

Nobleza obliga. Como critiqué a Lamas, ustedes determinarán sin con razón o no, hoy me pareció que hizo una muy buena conducción del equipo, tomó decisiones correctas y apoyó a los jugadores que mejor estuvieron en la jornada. Su estilo quizás no sea el que más me gusta, pero cuando se acierta, se acierta, y hoy, a mi gusto, lo hizo en grande. Tanto, como para darle a la Argentina un triunfo que lo deja entre los 16 mejores.

*Ignacio Damonte- Periodista de www.diario26.com