Diario del Mundial de Básquet: Vamos, vamos los pibes...

Jueves 4 de septiembre de 2014
Para cambiar decidí escribir esta crónica en caliente, en pleno estadio, apenas terminado el encuentro de Argentina ante Senegal. Las sensaciones son distintas a las de cualquier día. Motivos sobran para emocionarse porque vi ante mis ojos el recambio generacional del equipo que supo ganar todo lo que jugó.

Mientras organizaba la nota mentalmente pensaba empezar contando que fui de playa con Chiquito (compañero de emociones en este Mundial, nuevo amigo que me cruzó la vida) a Málaga en el día libre. También iba a contar que comí por primera vez comida árabe. O que me sorprendió el agua caliente en la playa, justo al lado del puerto. O que por primera vez comí tapas en España... Pero todo cambió con el correr de las horas.

Son las 19.16 cuando escribo este párrafo y el equipo de Lamas acaba de aplastar por 35 puntos a su par africano. Habría sido un partido más, un triunfo más, sino fuera porque el entrenador decidió darle el gusto a todos los que lo pedíamos y le dio minutos a dos juveniles que vienen para construir la selección nacional de los próximos 10 años.

Pero antes de contar eso, dejenme detallar la tarea argentina durante los primeros tres cuartos ante Senegal. El primero fue deluxe. El equipo no tuvo fisuras, supo controlar en defensa a la figura rival, Dieng, un pivot súper atlético, fuerte y que ha sacado más de un “oh” a las tribunas en Sevilla. Entre Nocioni, las ayudas de Scola y el resto de los jugadores lo sacaron de partido y lo forzaron a buscar a sus compañeros, que tiraron ladrillo tras ladrillo al aro. La diferencia poco a poco se tornaba irremontable.

En los segundos 10 minutos Argentina cimentó esa tarea manteniendo los porcentajes altos y moviendo el balón como nos tiene acostumbrados. De a poco limó las aspiraciones de Senegal hasta llegar al entretiempo con una diferencia de 16 puntos. Scola ya tenía 14 unidades, mientras que Herrmann mantenía su gran momento, ayudado por los triples de Leo Gutiérrez, Laprovittola y Prigioni. Las claves pasaron por esa defensa a Dieng, flotar a los tiradores, paciencia en ataque, movimiento de balón y efectividad en tiros.

La mitad restante empezó con el pie izquierdo. Argentina jugó sus peores minutos en el campeonato, me animo a decir. Tuvo 7 pérdidas de balón en misma cantidad de minutos y veía cómo aumentaba la intensidad defensiva de los africanos. Así el partido se hizo … … perdón, pasó Fabricio Oberto, por primera vez sin una marea de gente detrás... y le pedí una foto. Me salió el cholulo. Medalla dorada, campeón de la NBA, hito del básquet mundial... qué profesionalidad ni qué ocho cuartos.

Perdón, estaba contandoles que el partido se hizo chiquito, luego que Argentina cometiera un error detrás del otro. El tercer cuarto terminó de todas formas con diferencia de 15 puntos, pero con una sensación extraña, de ver cómo se desdibujaba el nivel albiceleste.

En los 10 minutos finales fue cuando llegó la emoción para la prensa e hinchas argentinos. Al ver que la diferencia era de 20 puntos, Lamas mandó a cancha a Matías Bortolín, alero fuerte de 21 años, nuevo jugador de Atenas de Córdoba. El pibe, que ha crecido enormemente desde su estancia en la Liga Nacional, tomó cuatro rebotes y hasta se dio el lujo de anotar dos puntos. Minutos después la banca argentina se desesperaba para que corte con falta algún jugador porque el entrenador había llamado a Tayavek Gallizzi, el otro pibe que vio sus primeros momentos en un Mundial. Historia llamativa la de “Taya”. Hace un mes se quedó afuera de la lista del Sudamericano en Isla Margarita y pensaba que su mundo se venía abajo. Error. Lamas lo rescató para los entrenamientos en Buenos Aires, y con su humildad característica se terminó ganando un puesto entre los 12 que vinieron a España. Minuto y medio final, y el jugador de Quilmes finalmente entró y anotó dos libres pese a que seguro le temblaban hasta los dedos del pie.

Ese período final, con un parcial de 28-8, fue un concierto a puro pase, triple y rebote ofensivo. La ovación no paraba y desde las tribunas bajaba el “vamos, vamos, los pibes” que hasta fue apoyado por Scola, Nocioni y Prigioni, símbolos de la Generación Dorada que entregan la posta a los que vienen detrás. Eso demuetra su grandeza. El equipo terminó con Campazzo, Laprovittola, Bortolín, Gallizzi y Delía en cancha, con un promedio de poco más de 21 años confirmando que, de a poco, el básquet de la selección encuentra nombres para el futuro.

Son las 19.44. Termino de escribir la nota, levanto la mirada y están calentando Croacia y Grecia para el partido final de la jornada. Los griegos serán el último rival de Argentina (jueves 17 horas). Luego el equipo se mudará a Madrid, y con él todo el contingente de periodistas e hinchas que siguen a la selección. Quedará una semana de torneo, esperando que se alargue lo más posible la estancia albiceleste... al menos eso es lo que quiero yo, Ignacio Damonte, el cholulo que le pide fotos a sus ídolos...