Con Cerati se van la lírica sexual y los corazones delatores

Viernes 5 de septiembre de 2014

"Mamá sabe bien, perdí una batalla. Quiero regresar sólo a besarla". Esas palabras de Gustavo parecen las adecuadas para su adiós. Cerati se fue de gira, su alma descansa en paz y nosotros no encontramos consuelo.

El líder de la banda más importante de rock argentino, que cruzó fronteras y conquistó suelo latinoamericano, encontró su descanso después de una intensa lucha de cuatro años tras sufrir un ACV en Venezuela. Allí fue cuando cerró los ojos y no volvió a despertar pese a volver a La Ciudad de la furia, donde estaban su madre, sus hijos y todo su entorno.

Y en nuestros oídos quedan sus frases, que serán parte de nuestras vidas y de las generaciones futuras junto a ese “Gracias Totales” que repetiremos una y mil veces para agradecerle por haber entrado en nuestros corazones delatores.

Cerati se convirtió en una leyenda de nuestro rock, porque junto a Charly Alberti y Zeta Bosio llevaron a Soda Stereo a lo más alto en Latinoamérica. La poesía de Gustavo nos dejó líricas que rozaron lo sexual y sensual, como ese “Tus ropas caen lentamente, soy un espía, un espectador y el ventilador desgarrándote, sé que te excita pensar hasta donde llegaré” de Persiana Americana, el “Me amas a oscuras, duermes envuelta en redes” de Signos o ese ruego de “Me dejaras dormir al amanecer entre tus piernas” de La ciudad de la furia.

Definió nuestras diferentes etapas emocionales en canciones cuando entonó “Somos cómplices los dos, al menos se que huyo porque amo” en Prófugos, “Un señuelo hay algo oculto en cada sensación” en Corazón Delator o “Veo las cosas como son. Vamos de fuego en fuego hipnotizándonos” en Déjà vu. También lo hizo al cantar “La espera me agotó, no se nada de vos, dejaste tanto en mí” en Crimen o “Cruza al amor. Yo cruzare los dedos... Y, gracias por venir. ¡Gracias, porvenir!” en Puente.

Tanta genialidad salió de su puño y letra que por eso lo lloramos. Porque nos acompañó en cada corazón delator, en cada efecto residual, en carreteras sin sentido y hasta en los vestigios de una hoguera.

Un día cerró sus ojos y nos dejó en silencio. Fue entonces cuando tomamos un disco, un casette, un cd y hasta el mp3 para poder hacerlo presente en viva voz. Pensamos que debíamos esperar a que pase el temblor, pero Gustavo encontró la distensión porque estar así despierto era un delirio de condenados y nosotros entramos en un área devastada, sin tener a dónde ir.

“Me verás volver”, nos decía y le preguntábamos cuando lo tendríamos en escena otra vez. Él mismo nos respondía en lírica: “Cuanto falta, no lo se. Si es muy tarde, no lo se. Sin olvido moriré”. Así lo anticipó y se fue entre vuelos fugaces, siendo parte de todos y dejándonos tan susceptibles. Adiós Cerati y gracias totales por venir con tu arte a cada hogar. Hoy, nada más queda.

Por Claudia Seta
@setaclaudia