11-S: a trece años del atentado a las Torres Gemelas

Estados Unidos recuerda otro aniversario del ataque terrorista, donde murieron casi tres mil personas, bajo el trauma de la amenaza del Estado Islámico y con una próxima intervención en Irak.
Jueves 11 de septiembre de 2014
Estados Unidos conmemora el peor atentado sufrido dentro de su territorio en el museo conmemorativo situado en la “Zona Cero”. La lectura de los nombres de los cerca de 3000 fallecidos trece años después, en un contexto en el que la amenaza no desapareció.

Hoy el Memorial Plaza se abrió por primera vez al público para recordar el día en que Al-Qaeda hizo chocar los aviones secuestrados contra las dos torres que formaban el World Trade Center, el centro del poder económico en Nueva York.

El atentado cambió el mundo e inició una guerra contra el terrorismo que se tradujo en las invasiones de Afganistán e Irak.

EL DÍA QUE CAMBIÓ EL MUNDO

Eran las 8.46 de la mañana en Nueva York cuando un Boeing 767 de American Airlines se estrellaba contra la torre norte del World Trade Center. Era el inicio de una pesadilla que dejó casi tres mil muertos y que la historia recordaría como los ataques del 11-S. A partir de allí, el mundo nunca volvió a ser el mismo, señala el portal abc.es.

Este jueves se cumplen trece años de dicho atentado que dejó miles de muertos, lo que supuso el comienzo de una nueva era en el orden mundial, una sacudida cuya onda expansiva alcanza la actualidad, y la amenaza del odio islamista contra los Estados Unidos y el Occidente liberal se mantiene.

Ahora ese odio islamista se ve reflejado, con renovado brío, en el sanguinario impulso del Estado Islámico (EI) y sus crueles videos caseros en los que sin pudor muestran las decapitaciones que realizan.

El aniversario de los atentados llega el día después de que el presidente Barack Obama, un anónimo miembro del Senado de Illinois aquel setiembre de 2001, haya hecho público su plan para combatir al EI, un desafío que recuerda que en este tiempo el enemigo yihadista habrá cambiado de cabecillas y de siglas, pero no desapareció.

Muchas cosas pasaron en todo este tiempo. El entonces presidente George W. Bush reaccionó al zarpazo terrorista declarando su "guerra contra el terror", y con el apoyo de Washington lanzó las invasiones de Afganistán e Irak, intervenciones en las que se dejó las vidas de miles de sus militares, cantidades de dinero y gran parte de su crédito internacional.

Mientras, en paralelo a las guerras de Bush, al árbol terrorista de Al Qaeda le brotaron ramificaciones y sus seguidores realizaron atentados en lugares como Madrid, Londres o Nairobi.

En todo este tiempo, los servicios de inteligencia del Pentágono nunca cesaron en su batalla en la sombra contra el yihadismo, y el 2 de mayo de 2011 llegaba la noticia más esperada: el criminal más buscado, Osama Bin Laden, caía abatido por un comando de los Navy Seals en su escondite al norte de Pakistán.

La desaparición de su líder fue un duro golpe, pero no terminó con el terrorismo. Los meses posteriores confirmaron que la política de eliminación de líderes destacados tampoco era suficiente.

Con su no intervención en Siria y su marcha atrás en la decisión de armar a los rebeldes que combaten a Al Assad, Washington permitió que el bien organizado y financiado Estado Islámico se convirtiera en un enemigo tanto o más mortífero que aquel Bin Laden de 2001.

Trece años después, la yihad ha cambiado de abanderado, pero su espada sigue apuntando al corazón de Occidente, y Obama, aunque mucho menos convencido que su predecesor, se ve arrastrado a una nueva guerra en Irak, señala además le fuente.