Panam y Piñón Fijo, los elegidos para enseñar y divertir

Sábado 4 de octubre de 2014
Ver a un niño sonreír y cantar, es emocionante. Pero para llegar a ese momento único e inolvidable para las retinas de los grandes hay que estar tocado por la varita mágica. Y no son muchos los elegidos, pero cuando descubrieron que tenían ese don Panam y Piñón Fijo dedicaron sus vidas a crear ilusiones y sueños en un mundo donde abunda la violencia y los delitos son moneda corriente.

Lo importante es que los más pequeños crezcan en un mundo especial, donde las buenas costumbres y el respeto sean los valores primordiales. Ellos, que no tienen maldad y que todo lo hacen con inocencia, merecen tener un mundo mejor que el que nos muestra la realidad. Pero sabemos que ese ideal depende del accionar y la enseñanza de los más grandes, que solemos cometer errores... algunos que se pagan con la Justicia.

Sin irnos de tema y volviendo a esos artistas tocados por la varita mágica, hay que reconocer que la rubia de la sonrisa amplia y el hombre debajo del payaso lograron conquistar a los más pequeños y a toda la familia.

Regalan sonrisas y enseñanzas, a través de canciones con mensajes explícitos. Por eso, Panam canta “Estoy en el horno” cuando los pekes se portan mal y recomienda usar “El cepillito” o hacer “Cuchi Cuchi” para manifestar el cariño a los demás. Mientras que Piñón pide “Basta de mamadera” y “Nene, dejá el chupete” o encanta con su clásico “Chu chu ua, chu chu ua” y hasta con “El saxo cloacal”.

La princesa rubia gana el cariño con su dulzura y sus buenos consejos a la Bruja Mala de una increíble Edith Hermida o al simpático Rodrigo Vagoneta. Fijo hace lo suyo tras transmitir sus enseñanzas a sus divertidos y talentosos hijos, Sol y Jeremías.

Con esos pequeños grandes consejos, Laura Franco y el payaso más famoso de Córdoba se metieron en el bolsillo a chicos y grandes por igual. Por eso, andan de gira con “Panam y Circo” y “Piñón en Familia” por todos lados y llegaron en septiembre a la UOM de San Justo a regalar mucho amor a cambio del aplauso de su público. Cuando terminan los shows, la adrenalina sigue y todos nos vamos cantando a casa sabiendo que la alegría de los más pequeños de la familia, no tiene precio cuando del otro lado se recibe mucho amor.

Por Claudia Seta
@setaclaudia