Chespirito, el hombre de la CH: adiós Chavo, adiós a la infancia

Sábado 29 de noviembre de 2014

Roberto Gómez Bolaños cerró sus ojos este viernes 28 de noviembre de 2014 y corrieron lágrimas de tristeza por las mejillas de aquellos que pasamos las tres décadas de vida. Se fue el padre de nuestra infancia y el hombre que creó a un increíble personaje llamado Chavo del 8, que conquistó a nuestros corazones.

Fueron décadas y décadas ganadas, con puro talento salido de su cabeza y expresado en guiones de su puño y letra. Siempre con la eficacia de hacer reír sin la necesidad de decir una mala palabra o una expresión desubicada. Porque los grandes no necesitan insultar para provocar risas. Así era Chespirito, tal como se lo conoció en el mundo artístico cuando decidió inventar a esos personajes con los que se ganó su lugar en la pantalla chica.

Junto al Chavo, se va esa bonita vecindad donde desfilaron simpáticos ídolos que nos hicieron llorar de risa y emoción: La Chilindrina, Quico, Don Ramón, Doña Florinda, El Profesor Jirafales, La Bruja del 71, Ñoño, El señor Barriga o La Popis. Nos dejaron enseñanzas puras donde la amistad siempre fue el lema a seguir entre tropezones, juegos, malos entendidos, travesuras y mucho más.

Fue el más exitoso de sus ciclos y los números fueron impresionantes. Forbes asegura que cada episodio de la serie dio a Televisa US$ 1,3 millones.

El niño que vivía en un barril nació en la TV el 20 de junio de 1971 y conquistó la pantalla durante más de dos décadas en 1.300 capítulos. La última emisión como programa independiente fue el 1 de enero de 1980, pero luego siguió como parte del ciclo de Chespirito. Se dejó de filmar en 1992 y, desde entonces, la creación de Gómez Bolaños hizo ganar al gigante televisivo mexicano unos US$1.700 millones. Éxito en México, Estados Unidos y Latinoamérica. En Argentina, se volvió un clásico diario.

Gómez Bolaños creó también a otros inolvidables personajes como El Chapulín Colorado (aunque nunca contábamos con su astucia), El Chómpiras (el ladrón más zonzo), El Doctor Chapatín (el simpático doctor de la bolsita de papel madera), Chaparrón Bonaparte (el de “no hay de queso, nomás de papa”) y Vicente Chambón.

Sin dudas, Chespirito era mágico. Porque son pocos los que logran cautivar a diferentes públicos de todas las edades. Y nos hizo vivir la infancia más tierna con esas creaciones que tienen una particularidad: todas llevan una palabra escrita con CH, letras del corazón del Chapulín.

Será porque el gran Roberto, emblema mexicano y latinoamericano, entregó su corazón en cada personaje y logró quedarse para siempre en el recuerdo de millones de generaciones. Gracias Chespirito por esa MAGIA, por esa manera de hacernos ver una vida de fantasías donde la maldad no tiene cabida. Y que siempre volveremos a ver en cada capítulo que inicie con esa bella melodía que, hoy más que nunca, suena en nuestros oídos. Y quedate tranquilo, sabemos que todo lo brindaste sin querer... queriendo.

*Por Claudia Seta
Lic. en Comunicación Social
@setaclaudia