River volvió a ser River

Jueves 11 de diciembre de 2014
Dicen quienes se recibieron en la escuela de la vida, que para festejar, antes, hay que aprender a sufrir. Pero en este film basado en una historia real, al destino se le fue la mano... El espejo retrovisor fue muy cruel para uno de los clubes mas grandes del mundo y obviamente, para sus hinchas también. Pero las piruetas de la vida dan estos saltos mortales tan fatídicos y tan estimulantes a la vez.

Ahi esta la Copa Sudamericana, entre las manos de Baravero (las de Dios, post-penal de Boca) y las del Cavegol (Version argenta de Highlander). Esa minita preciosa que desde hace diecisiete años se la daba de difícil, vino al pie, rendida, justo cuando vos estas con tu mejor pilcha y como si fuera poco, se la sacaste del buche al que siempre se llevaba las mejores.

Ahí va Piscu, con algún gen del Beto Alonso en la espalda y el as de espadas en la mano o en el pié (perdón pero tanta sensibilidad en la zurda, me confunde). A su lado está Mercado, cabeza de héroe que ni en su Puerto Madryn natal pudo soñar tan lindo. Y Pezzella, suplente vip, de goles importantes y actuaciones memorables. Ahí van vestidos de punta en blanco y rojo, en esa vuelta olímpica que no termina nunca. Teo besa la camiseta que soñó usar toda su vida y de reojo, como en la cancha, lo ve pasar a Carlos Sanchez, esta vez algo más lento y con la bandera uruguaya en los hombros. Y se van sumando las emociones. Gallardo se abraza a su invicto, a sus lágrimas y a sus sueños cumplidos. Mientras resuena el Gigliooootti, Gigliooooti, Funes Mori sonríe y toma venganza de los malos tiempos, Ponzio agradece haber pegado la vuelta y Mora se refriega las manos en nombre de las revanchas.

Ahi van, cuarenta arriba de un camión, sesenta y dos mil testigos y varios millones de corazones detrás. Cómo el del Enzo que late doble, por la satisfacción de recomendar a un Muñeco que devolvió la alegría al pueblo Millonario. Es hora de festejo, de desahogo, de reflotar los buenos tiempos y apretarlos fuerte, para que no se vuelvan a ir. Ahí está River, volviendo a ser River, gracias a una dirigencia que entendió que de guapo nadie consigue nada y que enderezar el barco era una cuestión de actitud. Ahí está el campeón sudamericano, voraz, ambicioso y orgulloso de un año inolvidable, donde su archirrival se quedó con las manos vacías y con ocho gritos atragantados.

Pasaron diecisiete años desde que el chileno Salas y compañía hicieron historia. El sexto se hizo esperar, pero hoy todo es color de rosa (perdón de blanco y rojo). La revancha fue soñada y como dicen los hinchas, con una copa que “Semi-ra y no se toca”. ¡Felicidades campeón, bien merecido lo tiene!


Por José Manuel “Gallego” Fernández