Afirman que cura De Rossi “fue a buscar impunidad a Roma”

“Algunos sectores todavía dentro de la institución consideran que los menores son mentirosos y que hay que proteger a la institución”, dijo Fabiana Tuñez, de La Casa del Encuentro.
Lunes 5 de enero de 2015
Fabiana Tuñez, directora ejecutiva de La Casa del Encuentro una ONG organizada con la idea de brindar una asistencia integral a víctimas de violencia de género y también a los familiares de las víctimas, habló con Canal 26 acerca del caso del cura Alessandro De Rossi, de 46 años, quien fue acusado de abusos de menores en Salta, donde misionó hasta 2013 por lo que fue detenido en Roma tras una orden de captura argentina.

Acá no hay barreras de género. Estamos hablando de una violencia contra quienes menos pueden defenderse.

Fundamentalmente estamos hablando de violencia sexual a niños y niñas. El abuso de poder de parte de un representante de una institución produce que haya algunos casos de abusos de menores que no escapan a la regla general porque la gran mayoría de los abusos se dan en un contexto de cercanía ya sea familiar, en clubes o en la iglesia. Es importante que se castigue pero que haya un efecto reparador para las víctimas que quedan marcadas de por vida por la violencia que se ejerce en momentos de la vida de los niños en los que están construyendo su vida, su psíquis, sus proyectos y por eso es tan importante que instituciones como la Iglesia tengan actitudes bien claras con respecto a qué conductas no son aceptadas y reprobadas en el marco de la Ley.

El efecto reparador no es más ni menos que la Justicia.

En principio es la Justicia. Decirle al menor que fue abusado que el Estado lo protege y reconoce lo que ha pasado y así aparece el pedido de perdón de las instituciones. Esto debería preverse con análisis o estudios psicológicos a personas que tienen contactos con menores para detectar a tiempo cualquier situación anómala.

Lo que enfurece es que haya tenido connivencia de parte de la Iglesia para ser corrido del centro de la escena. Además dijo que le hubiera gustado conocer al Papa Francisco -antes Jorge Bergoglio- pero que lo separaban 2.000 kilómetros de distancia. Igualmente eso no hubiera cambiado nada.

Fue a buscar impunidad a Roma con algunos sectores que todavía dentro de la institución siguen considerando que los menores son mentirosos y que hay que proteger a la institución. Pasó acá con el padre Julio César Grassi a quien costó mucho llevar a juicio.

Y dentro de la cárcel sigue costando mucho porque siguen saliendo denuncias...

Esto no es contra la Iglesia. Al contrario, le hace bien a la fe. Cuando las personas no están a la altura de las circunstancias hay que apartarlas.