Informalidad: ¿Perseguirla, permitirla o capitalizarla?

Sábado 17 de enero de 2015


Un vendedor callejero comercializa sus productos en la calle, exactamente frente a la puerta de un negocio que hace lo propio pero cumpliendo con las diversas normas e impuestos que la formalidad exige. Esta escena, tan común en ciudades como Buenos Aires, La Paz, Lima, México u otras ciudades latinoamericanas, refleja la naturaleza que el fenómeno de la informalidad tiene en los países de nuestra región. El Banco Mundial señala que prácticamente la mitad de la fuerza laboral se desempeña bajo esta modalidad.[1]

¿Competencia desleal? ¿Es la informalidad positiva o negativa para las economías? Por un lado vemos que, estas actividades posibilitan la supervivencia de relevantes grupos de personas. Pero el endeble marco institucional sobre el que se desarrollan hacen casi imposible el desarrollo de las mismas más allá del nivel de supervivencia, poniéndoles un techo al crecimiento de esa pasión emprendedora que se encuentra en movimiento.

Quienes ejercen estas actividades han tomado riesgo, descubierto un mercado de clientes así como productos o servicios para satisfacer sus necesidades. Asimismo, han invertido y no han sido atrapados por seductores programas de ayuda social, pero muchas veces se han visto limitados en ingresar al sistema formal por una inmensa cantidad de requisitos a cumplir así como por los altos costos impositivos y regulatorios. Por el otro lado, los empresarios que cumplen con sus obligaciones legales e impositivas señalan que los informales compiten de forma deseal contra ellos, y que –como un maestro que premia a los alumnos que se copian y castiga a los que estudian- los Estados son flexibles respecto de los informales y más estrictos respecto de los que pagan sus impuestos y operan en el marco de la ley.

Hernando de Soto en su obra “El otro sendero” -y en el trabajo en su organización Instituto Libertad y Democracia-estudia en profundidad el fenómeno de la informalidad y promueve la formalización en diversos países en desarrolloa lo largo del mundo, para que –en el marco de un contexto institucional sólido- puedan escapar de ese pantano de inestabilidad legal, falta de acceso a financiamiento, así como de marginalidad económica.

Incluso propone la “titulización”, es decir el reconocimiento de derechos de propiedad sobre quienes se han asentado informalmente en terrenos dando origen a las llamadas “favelas”, “villas miseria”, “shantytowns”, o como se denomina en cada sociedad. De esta forma, el mercado decidirá si los titulares de la propiedad desearán vender o no la misma.

En síntesis, la reducción de las regulaciones para operar en el mercado formal así como el peso de los impuestos sobre la actividad económica constituyen instancias fundamentales para quitar el pie de encima al sector informal y permitirle iniciar una era de crecimiento con menores restricciones. Asimismo, un camino para equiparar un contexto competitivo que favorece a los que no cumplen la ley respecto de los que la cumplen. Ambas medidas sinergizarán positivamente despertando riquezas dormidas en áreas a veces subvaloradas, potenciando el crecimiento económico en América Latina.

[1]Banco Mundial, “La mitad de los trabajadores de América Latina tienen un empleo informal”, Abril 1, 2014.

Lic. Martín Simonetta Director Ejecutivo, Fundación Atlas para una Sociedad Libre