Se aprobó nuevo tratamiento para el cáncer de cuello de útero en Argentina

En nuestro país es la segunda causa de muerte por enfermedad oncológica en mujeres. La autoridad sanitaria local, ANMAT, ya aprobó el nuevo esquema terapéutico.
Sábado 7 de febrero de 2015
El descubrimiento del bevacizumab, un anticuerpo monoclonal humanizado, que actúa como una proteína que reconoce y se une de forma específica y única a otra proteína del organismo, ha demostrado su eficacia en el tratamiento contra varios tipos de cáncer, en especial contra el cáncer de colon, mama, pulmón y células renales.

Ahora llegó el turno de probar esta terapéutica target combinada para casos de cáncer de cuello de útero (CCU) avanzados.

Es decir disminuye el crecimiento de los vasos sanguíneos producidos por el tumor para generar su propio crecimiento.

Desde hace más de 10 años se viene utilizando para tratar diferentes tipos de cáncer, y más de un millón de pacientes en el mundo ya fueron tratados con este anticuerpo monoclonal. Ahora un programa clínico global con más de 500 ensayos que se están realizando investiga su uso en más de otras cincuenta clases de tumores.

En el caso específico del CCU, la autoridad sanitaria argentina, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología médica (ANMAT) aprobó un nuevo esquema terapéutico: el uso de bevacizumab en combinación con quimioterapia; para tratar a pacientes con cáncer de cuello de útero recurrente, persistente o avanzado.

Antes de esta nueva indicación de bevacizumab las mujeres con enfermedad avanzada tenían pocas opciones de tratamiento y una sobrevida global media de menos de 1 año.

Un dato a destacar es que en la Argentina, la ANMAT, como organismo de control de la salud, permite combinar bevacizumab con carboplatino; y no sólo con las quimioterapias usadas en el ensayo clínico, que no representan adecuadamente la realidad de tratamiento en nuestro país.

La quimioterapia actúa sobre las células tumorales y el bevacizumab actúa sobre las células vecinas que rodean al tumor inhibiendo la acción de los factores angiogénicos, que producen nuevos vasos sanguíneos; permitiéndole al tumor crecer y diseminarse. Además la inhibición de estos factores produce la "normalización" de los vasos sanguíneos ya existentes en el tumor, que normalmente son anormales, y de esta manera permiten una mejor llegada de las drogas de quimioterapia al tumor.

El mal afecta principalmente a mujeres de bajos recursos socioeconómicos, entre 35 y 65 años, que por diversas razones como barreras geográficas, culturales y económicas no acceden a lo que se llama los servicios de tamizaje, que se convierten en los más efectivos escudos de prevención para el cáncer cervicouterino.

Los servicios de tamizaje contemplan no sólo una actitud de concientización y alerta por parte de las mujeres; sino también una batería de estudios de laboratorio, diagnóstico y tratamiento. Además de las consultas médicas periódicas de acuerdo a cada edad que permiten monitorear el estado de nuestra salud y evaluar los cuidados preventivos.

En la Argentina, el cáncer de cuello de útero es la segunda causa de muerte por una enfermedad oncológica en mujeres y, según datos del Instituto Nacional del Cáncer (INC) , en nuestro país se realizan 4.900 diagnósticos nuevos anuales y mueren unas 2.000 mujeres al año debido a la enfermedad.

En provincias como Corrientes, Chaco, Jujuy o Misiones las tasas de mortalidad son muy superiores a las de jurisdicciones como Tierra del Fuego, Buenos Aires, Córdoba o La Pampa.

Más del 99% de los casos están relacionados a infecciones genitales por el virus del papiloma humano (VPH); contra el cual hoy existe una vacuna preventiva que se sugiere en niñas a partir de los 11 años -y está incorporada al Calendario Nacional de vacunación - para reforzar el escudo protector contra la enfermedad.

Y desde el 2008 existe en el país un Programa Nacional de Prevención de Cáncer de Cuello de Útero que contempla estrategias de tamizaje y un programa de vacunación contra el VPH.