El próximo presidente sería “argentaliano”

Jueves 19 de marzo de 2015


Más allá del controvertido desplazamiento de la estatua del genovés Cristoforo Colombo (más conocido entre nosotros como Cristóbal Colón), por primera vez -desde el retorno democrático- se da una situación sociológicamente peculiar: los tres candidatos que lideran las encuestas de opinión referentes al futuro presidente de la Argentina cuentan con un apellido de origen italiano. A saber, en orden alfabético: Macri, Massa, Scioli.

Paradójicamente, la “italianidad” –tan relevante en términos del total de la población de nuestro país- no tendría su representación en la primera magistratura de nuestro país desde el inicio del período democrático. Apellidos como Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde, Kirchner y Fernández de Kirchner, por mencionar a los de los principales presidentes de esta era, reflejan en su sonido otros orígenes migratorios.

Argentina no sólo sedujo a la inmigración italiana que superó –incluso- a la española en volumen. También atrajo a inmigrantes de Siria y el Líbano, cuya sangre estaría hoy presente en tres millones de medio de los más de cuarenta millones de argentinos. Del mismo modo, atrajo a una población de origen judío que se estima en 0,3 millones de personas, siendo la mayor en América Latina y la tercera a nivel continental, luego de los Estados Unidos y Canadá.

A lo largo de las diferentes oleadas del siglo XIX y XX arribaron al país millones de inmigrantes, movilizados por diferentes causas: las hambrunas europeas, el sueño del “fare l´America” (“hacer la América”) e incluso el escape hacia un reducto de paz en el contexto de las sangrientas guerras mundiales. En tal contexto, la emigración neta de italianos al continente americano entre 1861 y 1985 tuvo como destino principal los Estados Unidos -que recibió 5.480.000 de inmigrantes italianos- seguido por Argentina (2.191.000) y sur de Brasil (1.270.000).


Hoy nuestro “slang” -el querido lunfardo- es el reflejo vivo de tales complejísimos procesos migratorios, y está colmado –entre otras- de palabras y derivaciones de los diferentes dialectos que antecedieron al idioma italiano “oficial” que comenzó a ser obligatorio en las escuelas de aquel país recién en las primeras décadas del siglo XX.

Hace algunos años, la exposición “Italia: El tesoro de la memoria” recogió y organizó un legado (hasta ese momento desordenado): los vocablos de origen italiano presentes en el lenguaje argentino. Allí encontramos la riquísima identidad de palabras tan nuestras que cuesta imaginarlas como de un origen transoceánico. Algunas de ellas: “avanti”, “bártulos”, “capuchino”, chau”, “escabio”, “fiaca”, “laburar”, “mufa”, “mina”, “napia”, “pibe”, “sanata”, por mencionar apenas un puñado.

Hoy la cultura “argentaliana” es tan nuestra que cuesta diferenciarla de lo no “argentaliana”. Sólo baste mencionar a figuras tan disímiles como el Papa Francisco (Jorge Bergoglio, primera generación de italianos en Argentina) o al mismísimo Lionel Messi -hijo de Jorge Messi y Celia Cuccittini, nacido en el Hospital italiano Garibaldi de la ciudad de Rosario- para mostrar la vitalidad de esta herencia.

Volviendo al inicio: ¿Será el próximo jefe de Estado el primer presidente “argentaliano” desde el inicio de la democracia?



Lic. Martín Simonetta
Director Ejecutivo, Fundación Atlas para una Sociedad Libre