La sal o la vida

Una pizca de sabor puede poner en jaque al corazón.
Jueves 26 de marzo de 2015
Apenas un golpecito de salero extra sobre la comida incrementa en un 1% el riesgo de morir por un ataque cardiovascular.

Una pizca de sal es suficiente para poner en jaque al corazón. Investigadores argentinos lograron determinar por primera vez que el consumo diario de ese montoncito que cabe entre la punta de tres dedos aumenta un 1% la mortalidad cardiovascular en el largo plazo a partir de los valores de sodio saludables recomendados. Y el argentino medio puede llegar a utilizar hasta 10 pizcas de sal de más por día.

“Se ve claramente en nuestra revisión que por cada 0,5 g más de sal que consumimos todos los días, la mortalidad cardiovascular aumenta un 1% independientemente de cuáles sean los niveles de consumo basales de cada persona por encima de los 3-5 g diarios que aconseja la Organización Mundial de la Salud”, explica la cardióloga Rosana Poggio, investigadora del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS).

Con su equipo del Centro de Excelencia en Salud Cardiovascular para el Cono Sur (Cescas) del instituto, analizó los datos de 229.785 personas sanas, de entre 25 y 79 años, de distintos países, obtenidos a lo largo de entre 5 y 20 años en 11 estudios de alta calidad. Determinaron que ingerir entre 8 y 13 g diarios de sal -o entre cuatro y seis sobrecitos, como es el consumo promedio argentino- eleva un 12% la mortalidad cardiovascular con respecto del consumo de entre 3 y 5 gramos. “Los hipertensos y los de más edad, como era de esperar, son los más afectados”, aclara Poggio.

En la Argentina, la población sigue siendo generosa con el salero a la hora de comer: su consumo casi duplica la cantidad considerada saludable para prevenir la hipertensión y las enfermedades asociadas. El argentino medio ingiere entre 7 y 9 g diarios, luego de registrarse un descenso de 2 g desde 2011 que las autoridades sanitarias atribuyeron la semana pasada a la reducción del 25% del contenido de sodio en la panificación. (Los 5 g de sal máximos que recomienda la OMS aportan 2000 mg de sodio y el consumo diario promedio en la Argentina casi duplica esa cantidad.)

LOS LÍMITES

La ley nacional que fija los valores máximos de sodio en los alimentos, en vigor desde diciembre, alcanza no sólo a los farináceos, sino también a los productos elaborados con carne y derivados y a las sopas. La Fundación Interamericana del Corazón Argentina (FIC) difundió durante la Semana Mundial de la Sal los resultados de un nuevo relevamiento en las góndolas: el 85% de los 292 alimentos de grandes marcas de las categorías que contempla la ley en esta primera etapa de aplicación se ajustan a los valores de sodio permitidos. Eso incluye a 50 de los 55 productos de carne y derivados; 171 de los 210 productos de harina y las 27 sopas analizadas. Pero esos niveles siguen siendo “muy elevados” en ciertos productos procesados de consumo habitual, como las hamburguesas, los chacinados secos (salame o salamín) y cocidos (mortadela, salchichas o jamón cocido), los snacks, las galletitas crackers sin salvado, las empanadas o tartas de pollo y hasta los panes con salvado.

Productos como los quesos, las tapas de tarta y empanadas, los aderezos, las comidas listas para llevar o las pizzas no figuran en los alcances de la ley en esta etapa, pero FIC Argentina, que relevó 1320 productos en cadenas de supermercados, asegura que “tienen alto contenido de sodio”.

El estudio del IECS, publicado en la revista Public Health Nutrition, aporta una novedad para evaluar el impacto del uso del salero en la salud personal. “No es un hábito que uno cambie de un día para el otro. Es un factor de riesgo en el largo plazo y se traduce en problemas cardiovasculares que llevan a la muerte”, advierte Poggio sobre lo que también queda claro en la revisión de estos estudios en los que el consumo habitual de sal se relevó mediante cuestionarios estandarizados o análisis de orina.

“Si uno consume 4 g de sal por día, que es lo que contiene un sobrecito, tiene un 1% más de mortalidad que el que ingiere en promedio 3,5 gramos -continúa-. Lo mismo ocurre en los grupos de alto consumo: el que come 7,5 g de sal por día tendrá en el largo plazo un 1% más de mortalidad con respecto al que habitualmente come 7 g de sal. Y esa diferencia la hace tan sólo una pizca de sal. Por lo tanto, importa, no es inocua, y es la primera vez que lo podemos medir de esta manera.”

Para los autores, la originalidad del estudio reside en haber logrado resumir el efecto promedio del exceso del consumo de sal sobre la mortalidad cardiovascular. Junto con Poggio en el equipo participaron en esta revisión sistemática y metaanálisis otros cinco investigadores del Cescas: Laura Gutiérrez, María Gabriela Matta, Natalia Elorriaga, Vilma Irazola y Adolfo Rubinstein, director general del IECS, un instituto afiliado a la Facultad de Medicina de la UBA.

Serio. Así definieron el estudio dos integrantes de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA), que no participaron del estudio, pero lo leyeron a pedido de LA NACION.

“Cuando hablamos de población general, y no de poblaciones de alto riesgo, comer más sal es generar mayor riesgo de muerte cardiovascular y, quizás, también de muerte por cualquier causa, aunque esto último es menos evidente y más difícil de demostrar -destacan Marcelo Orías y Felipe Inserra, que preside la SAHA-. 0 sea que podemos afirmar con fundamento que cuando consideramos a la población general, como es en este estudio, comer con menos sal reduce la muerte por causas cardiovasculares en la población.”

Las principales fuentes de sodio son la sal y los alimentos procesados.

Tres de cada diez argentinos son hipertensos y la hipertensión es la principal causa de muerte, según recuerda Lorena Allemandi, directora del Área de Políticas de Alimentación Saludable de FIC Argentina. “Provoca discapacidad y pérdida de la calidad de vida por enfermedades cardio y cerebrovasculares, especialmente en los sectores más vulnerables. Por eso -agrega-, es fundamental seguir profundizando la política de reducción de sodio y que el Estado implemente políticas más amplias que reduzcan el marketing de alimentos no saludables.”



Fuente: La Nación Digital