Caso Lola: quedaría libre el detenido y se aguarda por el ADN

Dijo que la joven se desmayó y él se fue; la jueza espera el ADN y para la Policía si no es el asesino bien puede ser su cómplice. A las 15 podría resolverse un caso que parecía en foja cero.
Viernes 10 de abril de 2015
A las 8 de la mañana de este viernes, el hombre detenido en Rivera e indagado como presunto asesino de la adolescente Lola Chomnalez –crimen ocurrido en diciembre de 2014- cumple 48 horas a disposición de la Justicia con lo cual recuperará su libertad, dijeron fuentes de la investigación.

Sin embargo, el errático testimonio dado por este cuidacoches riverense llevó a la jueza de Rocha, Silvia Urioste, a disponer una serie de diligencias que, según las fuentes, son en realidad una estrategia judicial para que el sospechoso esté al alcance de las autoridades hasta la hora 15, cuando se espera que la Policía Científica tenga los primeros resultados del examen de ADN (aunque el resultado final se puede extender hasta las 18) que es el que permitirá descartar o confirmar que el sospechoso haya sido quien asesinó a la joven argentina en una playa del balneario Valizas.

Este último capítulo de la investigación del crimen comenzó a principios de la semana cuando la Policía recibió una llamada anónima (realizada desde un teléfono público) en la que una mujer dio datos precisos de quien, dijo, era el asesino de Lola.

Según se supo, la denunciante aportó algún dato que tornó creíble la llamada. Cuando el hombre fue detenido, su actitud y primeras reacciones (cuyos detalles no trascendieron) fueron interpretadas por policías como un principio de admisión de la culpa y así lo transmitieron a algunos superiores y a varios medios de comunicación.

Las esperanzas que se le abrían a una Policía cascoteada por una investigación que tuvo más de un vaivén que no la dejó bien parada, aumentó exponencialmente cuando el detenido empezó a entrar en contradicciones.

Primero dijo que no había estado en Rocha en el mes de diciembre, pero luego reconoció que sí, que estuvo no solo en Rocha sino en Valizas, donde mataron a Lola. El hombre que tiene antecedentes por lesiones y denuncias por violencia doméstica, dijo luego que si bien estuvo en Valizas nunca había visto a la joven argentina. Sin embargo, luego admitió que sí, que la había conocido.

A esa altura, para la Policía se estaba a muy poco de poder anunciar que el asesino había caído, mientras que muestras de ADN del sospechoso viajaban hacia Montevideo para ser analizadas por la Policía Científica y cotejadas con los rastros de sangre encontrados en pertenencias de la víctima.

Sin embargo, llegado a este punto el hombre negaba haberla asesinado. Detalles más, detalles menos, en un momento dijo que se había asustado pero que les iba a decir la verdad. Entonces declaró que estaba vendiendo estampitas en Valizas cuando se cruzó con Lola, entablaron una conversación, caminaron juntos hacia la zona cercana adonde luego fue hallado el cadáver de la joven y, una vez allí, la adolescente se desmayó. El hombre dijo que cuando Lola perdió el conocimiento él se asustó y se fue del lugar, pero que la joven de 15 años estaba viva.

La jueza, el fiscal Rodrigo Morosoli, abogados y policías cruzaban miradas en el juzgado incrédulos ante lo que oían. Según este testimonio, luego de desmayarse en una zona descampada, alguien, otra persona, que no sería este hombre, pero esta sí con instintos asesinos, atinó a pasar por allí y mató a la joven.

Lola fue asfixiada por la vía de apretarle su cara contra la arena. La autopsia encontró arena en los pulmones pero además demostró que la menor se había intentado defender con tal fuerza que sus ojos casi se salieron de sus órbitas. Además, presentaba algunos cortes superficiales en los brazos y, una vez muerta, le cortaron la carótida.

Por difícil de creer que resultaba el testimonio del detenido, la Justicia no tenía otra prueba que la del ADN para demostrar su culpabilidad. Fuentes de la investigación dijeron que las grandes expectativas que tenía la Policía comenzaron a menguar cuando, ante la inminencia de conocerse el ADN, el hombre no solo se aferraba a su testimonio sino que lo hacía con cierta calma.

Entones, sobre la marcha, surgió la hipótesis de que no se estaba ante el asesino material pero sí ante alguien que estuvo en el lugar cuando Lola fue asesinada. Un cómplice. En varias ocasiones, el detenido sugirió a la Policía y a la jueza si no habría sido un marino o pescador del lugar quien la pudo asesinar.

Ante este panorama, la jueza, que ya había ordenado una pericia psiquiátrica que resultó normal, dispuso una nueva pericia pero psicológica. Eso obliga al sospechoso a viajar a Montevideo en la mañana de este viernes, una vez liberado. El hombre dijo que carecía de transporte con lo cual la Policía lo trasladará de Rocha a Montevideo para esa examen y luego desde Montevideo hacia su casa en Rivera.

Las autoridades esperan que en algún momento mientras este hombre hace ese trayecto en un auto oficial, desde la sede de la Policía Científica se anuncie a la jueza rochense el resultado del ADN y allí solo se abren dos posibilidades: que quienes trasladan a este hombre lleguen a su destino y lo dejen en la puerta de su casa en Rivera, o que antes de llegar reciban una llamada de la jueza Urioste para que se desvíen del camino y regresen a Rocha con el hombre, porque el ADN lo incriminó.