¿Cómo es el trastorno por aversión al sexo?

Lunes 4 de mayo de 2015
Es una conducta persistente de miedo, repulsión, asco, disgusto y ansiedad delante de cualquier conducta sexual. El componente central de la aversión al sexo es la ansiedad.

La intensidad de la reacción del individuo frente al estímulo de rechazo, puede ir desde una ansiedad moderada con ausencia de placer, hasta un malestar psicológico extremo. Son personas con tendencia a las fobias o miedos irracionales y a la ansiedad generalizada; por ello es importante realizar un diagnóstico diferencial entre lo que es una fobia sexual o una aversión al sexo.

Existen personas con formas graves del trastorno que, ante una situación de tipo sexual, sufren crisis de angustia, ansiedad extrema, terror, palpitaciones, desmayos, náuseas, mareos y sensación de ahogo. Estas personas pueden intentar evitar dichas situaciones con algunas estrategias, como acostarse pronto, viajar en exceso, descuidar el aspecto personal, abusar del consumo de determinadas sustancias, etc.

Fobia sexual

Fobia sexual. En esta el rasgo esencial es el miedo irracional persistente y el deseo impulsivo de evitar conductas o emociones sexuales. El propio individuo que la padece, reconoce la desproporción de su miedo lo cual provoca un malestar significativo y puede disminuir la capacidad de la persona para vivir con normalidad.

En cambio, la aversión al sexo se diferencia de la fobia, porque está asociada a emociones que no son el miedo, y además están provocadas por estímulos diferentes. Normalmente se centra en algún aspecto particular del sexo; por ejemplo las secreciones genitales, penetración vaginal, etc.

Algunos individuos muestran repulsión por todos los estímulos de tipo sexual, incluso los más superficiales como los besos y las caricias corporales. A pesar de estas diferencias, su distinción es muy difícil y los sistemas de clasificación de las enfermedades mentales las exponen como una misma entidad.



FACTORES

En todas las disfunciones sexuales hay factores psicológicos comunes que predisponen, precipitan o mantienen dicha disfunción. A continuación, se enumeran algunos de ellos:

Factores predisponentes: experiencias sexuales traumáticas en la infancia como: maltrato, violación, incesto, inseguridad etc., información sexual inadecuada, relaciones deterioradas con los padres, educación moral y religiosa estricta.
Factores precipitantes: experiencias sexuales traumáticas, depresión, ansiedad, dispareunia en el caso de la aversión al sexo, problemas de pareja, infidelidad, edad, cambios hormonales, etc.
Factores que mantienen la disfunción: falta de atracción y comunicación entre la pareja, miedo a la intimidad, escasez de estímulos eróticos, escaso tiempo en los juegos preliminares, etc.

CAUSAS

Las causas más frecuentes de la aversión sexual tienen relación con actitudes negativas hacia la sexualidad, debida a una educación rígida e inadecuada. Las experiencias previas de violencia sexual, presiones constantes por parte de la pareja sexual para realizar algún tipo de actividad sexual no deseada, experiencias sexuales desagradables, etc.

En pacientes con trastorno de angustia, la causa de la fobia sexual podría ser la inquietud ante la posibilidad de presentar una crisis de ansiedad durante las conductas sexuales. La evitación de manera activa de todo contacto genital con la pareja, este problema se cataloga a veces como fobia al sexo.

Esta alteración provoca gran malestar o dificultades en las relaciones interpersonales, el individuo sufre ansiedad, miedo o aversión a la hora de intentar una relación sexual con otra persona.


SÍNTOMAS

Se producen intensas reacciones corporales como incremento de la frecuencia cardiaca, sudoración intensa, aumento de la tensión muscular, tan solo con imaginar alguna actividad sexual. Existen aversiones al contacto genital específicas, como por ejemplo, aversión a la secreción vaginal o a la penetración vaginal; además, algunos individuos muestran repugnancia por todos los tipos de conducta sexual, incluso los besos y los contactos superficiales.

Existen individuos que presentan formas graves de este trastorno, ante una situación de tipo sexual. Pueden sufrir crisis de angustia, con ansiedad extrema, terror, desmayos, nauseas y palpitaciones, mareos y dificultades para respirar.

Si es de por vida, la aversión al contacto sexual puede deberse a un trauma sexual, como incesto, abusos o violación; o bien ser consecuencia de un ambiente familiar muy represivo, a veces potenciado por una formación religiosa ortodoxa y rígida, o bien haberse iniciado tras unos primeros intentos de coito que produjeron dispareunia.

Estas personas pueden evitar las situaciones de tipo sexual o los compañeros sexuales mediante estrategias de distinto tipo como, por ejemplo, acostándose pronto, viajando, descuidando la imagen externa, tomando sustancias o volcándose excesivamente en actividades familiares, sociales o laborales.

En este último caso, aún después de desaparecer la dispareunia, permanece el recuerdo del dolor. Cuando se trata de un trastorno de tipo adquirido, con posterioridad a un período de funcionamiento normal, la causa puede tener que ver con la pareja o deberse a un trauma o a dispareunia. La aversión puede generar una respuesta fóbica, en cuyo caso pueden estar presentes también temores irreales menos conscientes de dominación o de daño corporal. La aversión sexual situacional puede darse en personas que intentan o esperan tener relaciones incongruentes con su orientación sexual.

Deseo sexual hipoactivo

El tratamiento se orienta a suprimir la causa subyacente, siempre que sea posible. La elección de una psicoterapia conductual o psicodinámica depende del diagnóstico. Cuando la causa es interpersonal está indicada la terapia de pareja, mientras que los cuadros de angustia pueden tratarse con antidepresivos tricíclicos, inhibidores de la serotonina, inhibidores de la monoaminoxidasa o benzodiacepinas.

Tratamiento conductual, programa de contacto sistemático con la situación aversiva. Se trata de una desensibilización sistemática imaginada o en vivo: ejercicios de focalización sensorial en los que el paciente se enfrenta progresivamente a la situación que le provoca miedo, en un entorno placentero y sin exigencias, para inhibir la respuesta ansiosa aprendida. En ocasiones se recomienda el uso de un ansiolítico como las benzodiacepinas.
Técnicas de reestructuración cognitiva, para reinterpretar positivamente las cogniciones disfuncionales asociadas al problema del paciente. (Fuente: fertilab.net).