Joseph Blatter el rey destronado del fútbol del mundo

Nadó en los últimos días contracorriente, salió vencedor del 65º Congreso, ganó la reelección hasta 2019 e incluso se permitió el lujo de ajustar cuentas con sus detractores en en la Radio Televisión Suiza.
Martes 2 de junio de 2015
Cuarenta años en la Federación Internacional de Fútbol (FIFA), diecisiete de ellos como presidente y que han tenido un final brusco, con la inesperada dimisión de Joseph Blatter este martes, después de un enésimo escándalo de corrupción en la organización.

Blatter nadó en los últimos días contracorriente, salió vencedor del 65º Congreso, ganó la reelección hasta 2019 e incluso se permitió el lujo de ajustar cuentas con sus detractores en una entrevista en la Radio Televisión Suiza, pero terminó ahogándose en la orilla, cuando parecía salvado.

El hombre que parecía intocable, inmune a las crisis y por encima de las violentas turbulencias de la FIFA dejó ver por primera vez su talón de Aquiles, su vulnerabilidad, y terminó renunciando a un cargo que parecía casi vitalicio por la identificación que había logrado hacer entre su persona y la FIFA.

En estos 17 años al frente de la FIFA se ha paseado con honores de jefe de Estado, ha sido recibido de tú a tú por los más altos dignatarios y ha convertido a la FIFA en una máquina de hacer dinero, pero el último huracán, el generado tras la detención de siete directivos del fútbol la pasada semana en Zúrich, ha terminado por derribar el reinado de Blatter en la corte de Zúrich.

Su presidencia ha estado marcada casi desde el día uno por escándalos y guerras internas.

Fue elegido en 1998 como reemplazo de su mentor, Joao Havelange, y desde entonces tuvo que luchar por imponerse como autoridad en una organización acostumbrada a veinticuatro años de liderazgo del brasileño.

Sobre aquel proceso de 1998, el británico David Yallop escribió un libro, "Cómo han amañado el partido", acusando al equipo de Blatter de prácticas corruptas para asegurarse la victoria sobre el otro candidato, el sueco Lennart Johansson, entonces presidente de la UEFA.

Tuvo un duro reto en 2002 para conseguir la primera reelección, al encontrarse con ataques de varios miembros de su Comité Ejecutivo y del entonces secretario general, Michel Zen-Ruffinen, que hablaron de manipulación de las cuentas del organismo e irregularidades financieras.

Ganó sin problemas (139 votos contra 56) a su rival de aquella elección en Seúl, el camerunés Issa Hayatou, presidente de la Confederación Africana de fútbol (CAF).

En 2006, otro libro procedente de Inglaterra, de Andrew Jennings con el título "Tarjeta roja", abordaba de nuevo la corrupción de la 'era Blatter' y su publicación incluso llegó a ser prohibida en Suiza judicialmente.

Nadie impidió la reelección en 2007, donde fue candidato único, pero hace cuatro años, en el 61º Congreso en 2011, la corrupción fue tema de pasillos y debates antes de la reelección del suizo.

El que iba a ser su rival, el catarí Mohammed Bin Hamman, se vio forzado a retirarse unos días antes de la votación, después de un caso de corrupción por pago de sobornos.



Demasiadas tormentas

Blatter concurrió en solitario a las elecciones y se autoproclamó "capitán en la tormenta".

“¿Crisis? ¿Qué crisis?", dijo entonces, en una de sus frases más recordadas, que bien podría haber repetido la pasada semana, donde la corrupción volvió a marcar el desarrollo del Congreso de la FIFA, que reeligió a Blatter pese a la crisis y los ataques mediáticos de los días previos.

En los últimos años las sospechas por corrupción en la atribución de sedes de los Mundiales de Rusia-2018 y Catar-2022 ha sido uno de sus grandes quebraderos de cabeza.

El autor del informe encargado para evaluar la limpieza del proceso, el estadounidense Michael Garcia, llegó a dimitir el pasado mes de diciembre en desacuerdo con las conclusiones efectuadas de su estudio por la propia FIFA.

Con la reelección asegurada desde el viernes, Blatter parecía tener mucho trabajo por delante, pero la historia dio un giro de guión con el final precipitado de su presidencia.

Es el punto final de una larga carrera en la FIFA, donde este exdirectivo de la Federación Suiza de Hockey sobre Hielo entró en 1975, cuando era director de Relaciones Públicas y Deportes de una conocida marca relojera.

Desde 1975 estuvo ininterrumpidamente en la FIFA, primero como director técnico hasta 1981 y luego como secretario general hasta 1998, cuando ascendió a la presidencia.

En el nuevo mandato iba a estar al frente de la FIFA hasta 2019, cuando tendría 83 años, pero la dimisión pone punto final de forma abrupta a una presidencia tan importante como convulsa.