Ataque de EE.UU. contra el líder de Al Qaeda: peligra el proceso de paz

Admiten que el ataque fue coordinado con el Gobierno y avalado por la comunidad internacional. El Pentágono atacó el sábado un refugio de Ansar al Sharia en Ajdabiya.
Martes 16 de junio de 2015
El conflicto en Libia ha conseguido atrapar hasta la presunta muerte de Mojtar Belmojtar en el país norafricano. A la espera de una confirmación oficial por parte del Gobierno estadounidense, el Ejecutivo libio reconocido por la comunidad internacional en el este del país se ha apresurado a afirmar que el bombardeo que mató al ex líder de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) es poco menos que una muestra de intervención internacional contra la amenaza terrorista a la que se enfrenta el país.

"Esto (el ataque) es parte de la ayuda internacional que el Gobierno libio (considerado legítimo por Occidente) ha solicitado para combatir a los terroristas", sentencia el comunicado difundido por la oficina de Abdulá Tini, Primer Ministro considerado legítimo por Occidente. Y añade: "La situación se ha vuelto muy complicada para la región mediterránea".

Según han confirmado fuentes de la Casa Blanca, el Departamento de Defensa y el Pentágono, EE.UU. llevó a cabo en la madrugada del sábado al domingo su primer bombardeo en Libia desde los realizados bajo el paraguas de la OTAN en 2011 y que ayudaron a tumbar el régimen de Muamar Gadafi.

El objetivo era, sin duda, Belmojtar, a quien EEUU perseguía desde 2013, cuando perpetró el secuestro de medio centenar de trabajadores, entre ellos cuatro rehenes americanos, en la planta de gas de In Amenas, en Argelia. Al menos 43 personas murieron en la batalla que se desató para liberar las instalaciones.

El Departamento de Defensa ha subrayado que el yihadista argelino, apodado El Tuerto tras perder un ojo en Afganistán, "es el líder operativo de la organización Al Murabitun vinculada a Al Qaeda" y que él mismo "mantenía su afiliación personal" con la red tras separarse de AQMI en 2013.

No es la primera vez que EE.UU. lleva a cabo una intervención de caza y captura contra uno de sus objetivos terroristas en Libia desde la caída, en 2011, de Gadafi. Ocurrió en 2013 y 2014 con Abu Anas al Libi y Abu Katala, ambos detenidos en Libia, vinculados a Al Qaeda y sospechosos de perpetrar ataques contra intereses estadounidenses.

Sin embargo, esta última acción puede tener serias consecuencias en el panorama libio, totalmente polarizado en torno a dos gobiernos, dos parlamentos y dos alianzas militares en guerra desde el pasado verano. "El momento del bombardeo no podía haber sido peor", señala el periodista y analista libio del Atlantic Council Mohamed Eljarh, "la acción de EEUU en Libia mina los esfuerzos de paz de la UNSMIL (Misión de Naciones Unidas en Libia, en siglas en inglés)".

Según Eljarh, "es de común conocimiento que Belmojtar ha estado en Libia desde hace algún tiempo", añade. Pese a que fuentes islamistas han comentado a medios como Al Watan o AP que Belmojtar no se encontraba en el lugar del ataque en ese momento, medios locales sí parecen haber confirmado la muerte de entre cuatro y siete líderes de Ansar al Sharía con los que presuntamente se encontraba reunido.

"Los actores locales (en Libia) tratarán de manipular a Occidente azuzando el fantasma del terrorismo para involucrarnos es su guerra civil", opina Mattia Toaldo, experto en Libia de Consejo Europeo para las Relaciones Exteriores. "Teóricamente, todas las facciones (...) están en contra del terrorismo", añade, "lo que me temo es que este ataque pueda ser una señal de que nos estamos dando por vencidos en tener un Gobierno (de Unidad) en Libia y actuemos como si Libia fuese solo otro país donde lanzar bombardeos ocasionales, así no podemos derrotar el terrorismo"

La posibilidad de un despliegue internacional en Libia es una de las claves de las negociaciones de paz auspiciadas por el enviado especial de la ONU, el español Bernardino León, y encaminadas a lograr un Gobierno de Unidad Nacional. El diálogo podría fracasar tras entrar en su supuesta recta final y después de que Tobruk haya rechazado el último y "definitivo" borrador presentado la pasada semana por León.

Tanto Egipto, aliado de Tobruk, como España e Italia apoyan una intervención en Libia a expensas de un acuerdo para frenar el avance del IS, que se ha hecho fuerte en la ciudad central de Sirte merced al desgobierno generado por ambos bandos y la creciente llegada combatientes desde los países vecinos y Oriente Medio. Mientras las potencias europeas temen que los yihadistas se filtren al través del flujo de inmigrantes en el Mediterráneo, en Libia el IS amenaza con avanzar hacia Misrata, la tercera ciudad del país, y descender hacia Yufra, al sur de Sirte, donde se encuentra uno de las mayores bases militares gadafistas, además de varias instalaciones petrolíferas con inversiones occidentales.