Rabolini vs. Awada: una de las dos será la "Primera Dama"

Se las vio incondicionales junto a sus maridos y hasta se animaron a hacer campaña sin los candidatos. INFORME EXCLUSIVO DIARIO26.
Miércoles 18 de noviembre de 2015
“Detrás de cada hombre siempre hay una gran mujer”, reza un famoso probervio que hoy sirve como disparador para contar quiénes son las mujeres que pelean por ser las “primeras damas argentinas”.

Karina Rabolini, la mujer de Daniel Scioli, ya cuenta con experiencia por ser “la Primera Dama de la Provincia”. Pero Juliana Awada siempre renegó del rol de la “primera dama porteña” y se focalizó en su empresa textil. Recién en este último tramo de campaña dejó el bajo perfil para mostrarse incondicional junto a su marido, Mauricio Macri, y mostrarse capaz de acompañarlo en sus decisiones en caso de llegar a la Rosada.

Karina, incondicional en las buenas y en las malas

A lo largo de sus 44 años atesoró frustraciones, fracasos y desilusiones. Sin embargo, no se amedrentó y salió a flote. Pese a varios intentos por tener hijos, nunca pudo lograrlo. Conoció el lodo en el ámbito de los los negocios, sobrevivió a la tragedia de su marido y tuvo que aceptar a una hija extramatrimonial de su esposo.

A diferencia de muchas otras, a Rabolini no le molesta ser “la mujer de”, en su caso la mujer del actual gobernador Daniel Scioli y aspirante al sillón de Rivadavia, de quien se enamoró hace veintilargos años, cuando él era deportista.

Desde 2007, la pareja vive entre la Residencia oficial, en La Plata, y el caserón que se construyeron junto al río, en Villa La Ñata, en el Tigre

Su relación con Scioli tuvo varias rupturas (se casaron y se divorciaron) y momentos muy trágicos.

El más famoso fue el 3 de diciembre de 1989, cuando él perdió un brazo en un accidente en lancha. Pero hubo otro, anterior: el 15 de mayo de 1987, se incendió el edificio donde vivían, en Callao y Posadas, y Scioli y Rabolini escaparon por el techo saltando a un edificio vecino. Al caer de ocho metros de altura, una de las piernas de Karina se fracturó varias veces y la obligó a estar un año en recuperación, entre silla de ruedas y muletas.

Y estuvo, claro, el episodio de Lorena. Karina contó que se enteró una tarde de 1994 viendo televisión. Allí se informaba que Scioli tenía una hija, Lorena, a la que no reconocía. La había tenido a los 19 años con una novia ocasional. La chica ya era grande y la justicia le ordenaba al padre reconocerla.

La vida de hoy es más plácida. Karina recibió con amor a Lorena y trabaja con ella en la Fundación del Banco Provincia, son compinches y confidentes.

Muy compañera de su marido, no lo deja ni a sol ni a sombra y tras las elecciones del 25 de octubre se puso la campaña al hombro y hasta recorrió el país sin él. Pero siempre dejando en claro que lo suyo es “acompañar” porque siempre rechazó los cargos políticos que le ofrecieron.


Juliana Awada, con un perfil mediático que le sienta bien

Juliana Awada y Mauricio Macri oficializaron su romance en 2009. A ella se la conocía por ser la dueña de la firma “Awada” pero sus apariciones en las revistas del corazón eran a cuenta gotas. Siempre cultora del bajo perfil, tuvo que hacerse mediática a la fuerza por la gran notoriedad que empezó a cobrar su marido, quien hoy aspira a ser el presidente de los argentinos.

El efusivo beso que se dió con Macri tras finalizar el debate hizo estallar las redes sociales y empezó a ganarse la simpatía del electorado con sus apariciones televisivas, entrevistas, actos de campaña. Poco a poco, empezó a ganar más protagonismo y no defraudó. Es por eso que hasta la mandaron a visitar un hospital con María Eugenia Vidal, flamante gobernadora electa, en plena campaña por la Provincia.

Juliana tiene 41 años y su familia le brindó una educación de excelencia. Se recibió en el colegio bilingüe Chester College y perfeccionó sus estudios de inglés en Oxford. an pronto como regresó a la Argentina, se involucró activamente en el negocio familiar, una empresa textil forjada por su padre desde la década del 60.

A los 23 años, contrajo matrimonio con Gustavo Capello, de quien se divorció tres años después. Luego entabló una relación con el conde belga Bruno Laurent Barbier, a quien había conocido en un vuelo de Air France y cuya fortuna se estima que ronda los 400 millones de euros. A pesar de haber vivido juntos durante casi diez años, nunca se casaron, pero tuvieron una hija.

La “primera dama porteña” conoció a Macri en el exclusivo gimnasio Ocampo, ubicado en Barrio Parque y frecuentado también por el jet set. Tenían amigos en común y comenzaron su relación en 2009.3 Contrajeron matrimonio el 16 de noviembre de 20104 y fruto de esa unión nació Antonia en 2011.