Las mujeres quieren más sexo pero no lo tienen

Viernes 20 de noviembre de 2015

La 'app' de sexo Kindara, realizó recientemente una encuesta entre sus usuarias para revisar sus hábitos eróticos y más de la mitad contestó que desearía tener sexualidad más activa y con un poquito más de chispa, arrebatos y pasiones. Contrastando este anhelo con la radiografía del sexo que dibujan diferentes estudios a partir del comportamiento de las parejas en la cama, parece que motivos para quejarse no les faltan.

El 73% se conforma con poco más de un encuentro semanal, según los informe.

Un encuentro que dura alrededor de 15,2 minutos, más 17,7 minutos de preliminares. Y aunque el 84% de los hombres asegura que llega al orgasmo cada vez que practica sexo, solo el 55% de las mujeres lo logra.Frente a esta realidad, más de tres cuartas partes de las féminas que han respondido a Kindara han expresado su deseo de tener más sexo, como mínimo tres veces a la semana.

En este sondeo, el porcentaje que experimenta un orgasmo durante sus prácticas sexuales baja al 48%.

En general, la mayoría suspira no solo por ese orgasmo de rigor, sino por disfrutar de alguno más en cada uno de sus momentos íntimos. Pero más que la cantidad, las encuestadas valoran todavía con más fuerza la calidad, algo que creen que conseguirían si lograsen una mayor conexión emocional con sus parejas.

Esto les permitiría disfrutar más y compartir las fantasías o apetencias que tienen uno y otro.¿Qué es entonces lo que está entorpeciendo lo que la mujer consideraría buen sexo? De acuerdo con la encuesta de Kindara, el estrés, la falta de sincronía y la ausencia de buen humor. La psicóloga Helena Trujillo, psicoanalista del Grupo Cero, aprovecha estas respuestas para dar con las razones más profundas de esta insatisfacción femenina:

Llegamos a la sexualidad ingenuas, con pocas habilidades para gestionar las relaciones, y pasado un tiempo traicionamos nuestro propio deseo por permanecer fieles a un ideal de pareja


Para gozar, la mujer ha necesitado transgredir lo que la sociedad le exige. Ha sido educada en una sexualidad familiar, tan centrada en la construcción de la familia que no reconoce su capacidad de goce. Entonces se entrega al amor como objeto en lugar de crear su espacio como mujer excitante y tentadora dispuesta a cumplir sus sueños.

Amamos el ideal del amor, la pareja perfecta, la media naranja y la idea de que el otro completa nuestra vida. Ahí comienza el fin y la insatisfacción de una vida cotidiana que gira en torno a una relación irreal.


Hombres y mujeres necesitamos del amor para crecer, pero un amor donde cada uno es capaz de hacer algo por el otro, donde ninguno es poseedor ni de la acción ni del resultado.


Hablar de goce sexual requiere muchas más palabras de las que somos capaces de pronunciar. Una educación que permita a las mujeres conocerse sin denigrarse, amar sin entregarse, desear sin abandonar los pactos sociales, permitirá que hombres y mujeres construyan la posibilidad de espacios compartidos, conversaciones y encuentros de dos individuos que se desean.