El fisicoculturista y la rusa, la pareja detrás de banda narco VIP

¿Cómo eran las fiestas de Florio Lenartowicz (45) y su novia Marina Sokolova (33)? Conocé la historia.
Sábado 26 de diciembre de 2015
Una fiesta, casi 200 personas bailando alrededor de la piscina y disfrutando de la música electrónica y los tragos. Florio Lenartowicz (45) metió una toalla en la pileta y se la puso en la cabeza como si fuera un turbante, para refrescarse. Alguien lo tocó de atrás y, al dar vuelta su enorme espalda, escuchó: “Estás preso”. La Policía lo tenía rodeado. El no terminó de entender qué pasaba hasta que vio el helicóptero sobrevolando la quinta. “Díganme que no estoy alucinando”, pidió.

A continuación, fue trasladado y quedó acusado de encabezar una organización que alquilaba lujosas quintas para hacer fiestas exclusivas, donde vendían drogas.

Lenartowicz no fue el único detenido en esa tarde del domingo 20 de enero, en pleno evento organizado en una quinta de película de la localidad de General Rodríguez. También cayó su novia, Marina Sokolova (33), nacida en Moguilov, una ciudad ubicada al este de Bielorusia y a 80 kilómetros de la frontera con Rusia.

La mujer –rubia, hermosa, alta, atlética y de rasgos duros– fue arrestada en la puerta de la casa, cobrando entrada a los que habían ido llegando tras haber sido aceptados en las invitaciones que se hacían por redes sociales.

Muy tranquila, cuando ella comprendió que estaba siendo detenida su primera preocupación fue la de pedirles a los investigadores de la División Precursores Químicos y Drogas Emergentes de la Policía Federal que trataran a Lenartowicz con cuidado. Según les dijo, él era demasiado sensible y no estaba atravesando su mejor momento.

El juez Juan Pablo Salas –del juzgado federal N°3 de Morón– indagó a los trece detenidos que hubo durante los allanamientos a la quinta y en otros objetivos de Puerto Madero y de La Plata. Sokolova y Lenartowicz se negaron a declarar y quedaron alojados en Ezeiza.

Según dijeron distintas fuentes del caso a Clarín, ambos cumplían un rol central en la organización, gerenciando el alquiler de las quintas para las fiestas (que incluían servicio de ambulancias, juegos acuáticos y gazebos, que eran los puntos de venta) y promocionándolas. También manejaban el vinculo con los “dealers” y la logística. La Justicia investiga ahora una serie de propiedades de Lenartowicz para precisar si fueron compradas con dinero lícito. “Hay un trámite de sucesión por una cantidad de propiedades que eran de su madre. Pero hay una investigación patrimonial por otras propiedades que no se condicen con sus ingresos”, detalló un vocero de la causa.

Dueño de un gimnasio y de un solarium, el hombre vive en un departamento de Belgrano desde hace al menos cinco años junto a Sokolova. Ella fue modelo, es personal trainer y a principios de diciembre se recibió de diseñadora de interiores en la Universidad de Palermo. Ambos practican fisicoculturismo y tenían firmes contactos con un hombre identificado como Pablo Marzuolo (49).

La causa había comenzado con un arrepentido. Fue a partir de entonces –noviembre de 2014– que la Justicia federal de Morón y la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Federal se pusieron a investigar a Lenartowicz y a su entorno. El hombre hoy detenido como cabecilla de la exclusiva red narco organizaba al menos dos fiestas por mes en quintas del Conurbano y también en Pinamar.

Sokolova lleva ya veinte años en el país y con Lenartowicz se habrían conocido en el mundo de la noche. Ambos tenían un muy alto perfil, promocionando los eventos por Internet y publicando fotos suyas en las situaciones más variadas: un combo ostentoso que incluía fiestas “hollywoodenses”, festejos excéntricos y reuniones con amigos en boliches, algún que otro famoso de la farándula, yates y autos de alta gama.

Lenartowicz –siempre según fuentes del caso– no estaba en un buen momento y hace unos días, deprimido, se sumergió en un lujoso hotel de Punta del Este acompañado de amigos. Una de las sospechas es que, si bien vivía con Sokolova, más que como pareja funcionaban como una sociedad comercial. El, algo más díscolo, ducho en el tema de los contactos y las relaciones públicas. Ella, inteligente en el manejo y la administración del dinero.

Ninguno era ajeno a la venta de drogas y estaban a la cabeza del clan, también integrado por Nicolás Pachelo, vecino del country Carmel. “Si se seguía escarbando entre sus contactos, había que meter preso a medio país”, confió un vocero de la causa, que ya suma 17 cuerpos.