El lado humano de los protagonistas del porno

Martes 29 de diciembre de 2015

Sophie Ebrard tenía una visión, digamos, clásica del sexo, la primera vez que asistió a una fiesta swinger (de intercambio de parejas). Esperaba algo sórdido, pero encontró todo lo contrario. "Iba dispuesta a ver a gente practicando sexo ante mis ojos.


Nunca pensé que aquello me parecería bello, pero la verdad es que así fue".Esta fotógrafa francesa no olvidará nunca el momento eureka, el punto en el que decidiría reenfocar su carrera a retratar la industria del sexo. Desde dentro, y sin filtros.


"Delante de mí, un hombre hacía el amor con una mujer a la que acababa de conocer. La forma de sus cuerpos entrelazados era preciosa, estaba hipnotizada. Aún me vienen imágenes mentales de aquello. En cierta manera, fue como observar una escultura de Rodin", recuerda.Tanto le impactó la experiencia, que los siguientes cuatro años Ebrard los pasaría siguiendo a un director porno en sus rodajes alrededor del mundo. A su particular cicerone, el escocés Gazzman, lo conoció, como por un capricho del destino, aquella misma noche, en la fiesta.

Novatadas para la primera vezLa primera parada en el viaje de Ebrard a las entrañas del cine para adultos estaría a pocas horas de su casa londinense. "Me monté en el tren e intenté no pensar en ello demasiado", reconoce.

Su bautizo pornográfico, efectivamente, fue revelador: un actor alabó su suerte por presenciar una doble penetración y ella pensó que se refería a un director de fotografía (las siglas, en inglés, DP coinciden). Cuando comenzó el show, no sabía dónde meterse. "Supongo que hay que acostumbrarse a la jerga de cualquier oficio...".Para completar el desvirgamiento, el equipo decidió romper el hielo con una broma a la novata. Horrorizada, se encontró cenando en la misma mesa en la que se había filmado una escena un momento antes, sin que nadie se preocupara de limpiar.

"No dije nada. Me senté, me aseguré que ni mis codos ni los cubiertos tocaban la mesa directamente, comí deprisa y me fui", cuenta. El director le explicó, muy serio: "Comemos donde follamos. Así hacemos las cosas en el porno". Y estalló de risa. "Él se había sentado en una zona de la mesa en la que no había habido ningún contacto directo con la piel de los actores".El día a día en el set de rodaje de un filme porno no dista mucho de cualquier producción, "hay mucha espera y mucho aburrimiento". Eso sí, la exposición de los actores genera un ambiente de gran familiaridad, se cuidan mucho entre sí. "No sé por qué me chocó, pero realmente me llamó la atención que todo el mundo fuera tan amable", recuerda Ebrard. En ese choque se encuentra la piedra angular de su trabajo. It's just love, sólo es amor, "lo humano tras la acción".

Seis destinos, cuatro añosEl periplo de esta fotógrafa a las entrañas de la industria más poderosa del mundo, contra sus propios prejuicios y tabúes, la llevó de Inglaterra a Los Ángeles, de allí de vuelta a Gales y Escocia, y finalmente a Barcelona y Lisboa. Cuatro años, seis destinos, y tres o cuatro días en cada set para empaparse de backstage pornográfico. Y no es baladí eso de que es sólo amor, de hecho Ebrard fue testigo de una historia que comenzó ante las cámaras y terminó en el altar. "Hay mucho amor en el porno. Amor, humanidad y belleza", afirma.

La obra de Sophie Ebrard se pudo disfrutar durante el festival internacional Unseen Photo Fair, en Amsterdam. 33 instantáneas cargadas de erotismo, pero también de cotidianeidad. La desnudez, como elemento omnipresente, pero normalizado. Curioso motivo para una artista centrada en el paisajismo. "En realidad, mi objetivo ha sido siempre capturar con mi cámara belleza donde, a priori, parecía imposible que la hubiera. Así que se podría decir que It's just love es, precisamente, la más paradigmática de mis obras", afirma.