Las cosas más locas que la gente ha hecho con tal de tener sexo

Martes 19 de enero de 2016
Imaginen que una madrugada cualquiera suena el teléfono y al otro lado escuchan la voz de una antigua amante exhortándoles manejen su auto durante 20 horas para tener la mejor sesión de sexo de toda su vida. ¿Serían capaces de vestirse, agarrar el coche y conducir doce, quince o veinticuatro horas solo para encamarse con ella? ¿La promesa de una noche más caliente que el mismo infierno les pesaría más que el calor de su hogar?.

Solemos admirar a aquellas personas que hacen verdaderas locuras por amor, pero, ¿acaso el sexo no es importante? Mientras algunos los juzgan de “salidos”, no se puede negar que no haya cierta épica en las hazañas de estos intrépidos aventureros del revolcón, que conducen durante horas o se arriesgan a los mayores chascos para arrancar el santo grial de los gemidos.

Reddit preguntó a sus usuarios cuáles son las proezas más extrañas, alocadas o simplemente dementes que han hecho para tener relaciones sexuales, y también amorosas –el jamón a veces va con el hueso– y no tienen desperdicio.
Si me dices ven, lo dejo todo

“Volé al otro lado del mundo. No importa; hice el amor”, contesta uno de los usuarios. Mientras que otro internauta norteamericano comenta que condujo en mitad de la noche hasta una remota casa en un bosque para acostarse con una mujer que hacía poco había conocido: “Conforme caminaba hacia la puerta veía enormes arañas bajando por los árboles y pensé 'esto es una película de terror', pero al final valió la pena”. Y como todo lo que merece la pena tiene un precio, aunque el grado de sacrificio depende, como se suele decir, de nuestro “umbral de dolor”, o de asco.

Quién no se ha tragado un concierto infumable solo para agradar a su acompañante, o ha leído un libro que ni bajo amenaza hubiese abierto antes… A muchos de estos entregados internautas les ocurrió lo mismo: sufrieron el pésimo gusto musical de sus citas, fueron torturados durante una hora y media de edulcorada comedia romántica o se empollaron la saga de 'Crepúsculo', y todo por unas horas de amor. Heroico, ¿no?

Si bien la necesidad nos vuelve más imaginativos. Si no puede ser ni en tu casa ni en la mía, ¿por qué no en un local de 'swingers'? “Estábamos en un bar y nos calentamos. Ella se quedaba en casa de unos amigos y en la mía era imposible, así que la llevé durante una hora a un club de intercambio de parejas”, cuenta este resolutivo usuario.

No obstante, el viaje más cansado con premio todavía más agotador lo hizo un marino que quería pasar un par de noches con su novia, que estudiaba en una universidad en la otra punta del país: “Tenía un pase de 96 horas en la base. Conduje 20 horas del tirón, parando solo para ir al baño, para tener sexo con mi novia. Cuando nos vimos estuvimos al lío durante 48 horas con pausas para comer y dormir, y luego conduje de vuelta a la base. Casi no consigo llegar a tiempo y ya imaginaba que iba a acabar entre rejas, pero lo logré. No me importó asumir riesgos, ahora estamos casados”.
Más vale ponerse una vez colorado.

Que ciento amarillo, dicen, aunque los protagonistas de esta historia no se sonrojaron tanto como el objeto de su pasión. “Una vez, una chica se paró delante del escaparate de la tienda en la que trabajo con un mensaje escrito en la mano, que decía: ¿quieres sexo?”, explica un sorprendido internauta –aunque no se sabe si él, como réplica, se garabateó en la palma 'sí' o 'luego'.

En otra ocasión, un joven creativo, aunque un tanto bruto, metió literalmente a la chica que le gustaba en un contenedor de basura, e increíblemente “funcionó” –ignoramos si la cita prosiguió en el interior del 'container', aunque nos guste imaginar que tal vez fue así–.

¿Mentirían sobre una lesión solo para que el hombre o la mujer de sus sueños les roce? “Fingí que me había lesionado el hombro y le pregunté si me haría un masaje. El próximo mes es nuestro duodécimo aniversario de casados”, relata otro usuario. Al parecer, cualquier excusa es buena para iniciar el contacto.

Y luego están aquellos a los que la búsqueda de sexo y amor les convirtió en otras personas, y de qué forma. Desde un tímido “me afeité la barba para echar un polvo” hasta un cambio radical con perilla y bigote incluidos: “Empecé a comer más sano e ir al gimnasio seis días por semana, volví a estudiar y encontré un trabajo mejor”, afirma otro.
Si el amor mueve montañas, ¿quién no sería capaz de moverse por una buena proposición sexual? Y tal vez con suerte puede que lo que empieza entre las sábanas dure, como mínimo, hasta que estas amarillezcan.