'Panadero' Napolitano: “Pido que el hincha de Boca me perdone”

El autor del ataque con gas pimienta a los jugadores de River en el Superclásico de la Copa Libertadores rompió el silencio. “Sueño con volver a la cancha”, dijo.
Viernes 29 de enero de 2016
Adrián "Panadero" Napolitano, el autor del ataque con gas pimienta a los jugadores de River en el último Superclásico de la Copa Libertadores que provocó la descalificación de Boca de la competición, habló por primera vez tras el hecho y pidió a los hinchas que lo "perdonen" porque
sueña con "volver a la cancha".

"Ya pasó lo peor", admitió el "Panadero", que desde el suceso se mostró en cuentagotas en los medios -apenas unas imágenes en Tribunales-, pero que conserva sus dos panaderías en la localidad bonaerense de Valetín Alsina.

"Trató de mantener el perfil bajo por mi familia, que la pasó mal durante los primeros meses. Más allá de la contención de las maestras, mi hija (de siete años) a veces volvía llorando del colegio por lo que le decían los compañeros. Pero ya está, ya nadie me insulta, ya puedo caminar tranquilo por la calle, el hincha entendió que lo último que quise hacer fue perjudicar a Boca", remarcó.

En ese sentido, reconoció que aquella noche del 14 de mayo en el estadio La Bombonera, donde Boca recibía a River por la revancha de los octavos de final de la Libertadores, se le "salió la cadena".

"Veía que nos íbamos a quedar afuera de nuevo contra River, se me salió la cadena y se me ocurrió tirar el gas. Jamás imaginé lo que iba a pasar, sólo quería atemorizarlos, meterles presión. Estoy arrepentido pero no puedo hacer nada para volver atrás: sé que le hice un daño grande a Boca , y más allá de lo que diga la Justicia, yo ya estoy pagando mi culpa, porque me arruiné la vida", afirmó.

La rutina de Napolitano no se modificó, porque se levanta a las cuatro de la mañana, amasa y hornea la producción junto a dos colaboradores, uno de River y otro de Boca, y a las siete hace el reparto en su camioneta.

Después a media mañana se encarga de ir a los proveedores para reponer el material con el que volverán a hacer 150 kilos de pan al otro día.

Antes del mediodía pasa por los locales, uno atendido por su madre y el otro por su esposa, va a retirar a su hija al colegio y la lleva a la plaza o a pasear.

"Puedo ir a un cine, a un bar, y no pasa nada. Ustedes me trataron como a un delincuente pero creo que hoy muchos hinchas se ponen en mi lugar y ven a un tipo que por una pasión desmedida hacia Boca tiró todo por la borda en un minuto. Quizá por eso con el tiempo la calentura que tenían se fue apagando", sostuvo.

Y, enseguida, aclaró: "Es cierto que en las primeras dos semanas tuve que irme a vivir afuera y que los dos primeros meses fueron duros. Pero después ya me tomaron para la joda, cualquier cosa que pasara ponían memes míos, y quizá eso también ayudó a desdramatizar lo que hice. Si pudiera volver el tiempo atrás... pero no puedo, sólo me queda pasarme la vida pidiendo perdón y que el hincha me lo acepte".

Pero Napolitano no esquiva su situación actual: "Yo me arruiné la vida. En la semana la voy pasando, porque como estoy todo el día con el laburo no pensás mucho, pero llega el domingo y me quiero morir. Más que nada cuando jugamos de local, porque todos mis amigos van a la cancha y yo tengo que verlo por tele".

"Al principio ni podía: ponía la tele de fondo, jugaba con mi hija y relojeaba un poco. Los de visitante son distintos porque me sigo juntando con la banda de siempre y los vemos juntos. Ellos ya me perdonaron. Al principio me dijeron: Si no fueras nuestro amigo ya te hubiésemos cagado a palos . Pero después me perdonaron", completó.

El "Panadero" Napolitano afirmó que lo que más extraña son "los viajes", porque no faltó "ni a un partido afuera" y recordó que estuvo en el Desierto de Calama, en Chile, "el día que éramos 15 y le ganamos al Cobreloa con un gol faltando poco de Bermúdez", en la fase de grupos de la Libertadores 2001.

"Eso es lo que más me duele, la falta de cancha. ¿Sabés cómo vi la final contra Tigre que nos dio el torneo el año pasado? En General Belgrano, a 160 kilómetros de acá, porque no podía soportarlo, era la primera vuelta olímpica que no vería dentro de la cancha, del 92 para adelante no había faltado a ninguna. Y además era fija que si me quedaba me iba al Obelisco directo y no sabía qué podía pasar, quizá lo tomaban como una provocación. Y eso que mis amigos me dijeron: Vení con
nosotros, somos 50, no te toca nadie . Pero para qué. Ya está, tengo que aceptar que esa parte de mi vida por ahora está arruinada", dijo.

Napolitano contó que no le "entra en la cabeza" no poder pisar más La Bombonera, porque tiene 37 años, 25 de socio y le faltaban 10 para ser vitalicio.

"Mi historia con Boca no puede terminar así. Yo quiero hablar con (el presidente Daniel) Angelici, explicarle que no fue nada político, que revea mi expulsión. Yo vivía para Boca y ahora lo veo por tele, no puede ser, no se me pasa por la cabeza que no pueda volver nunca más a pisar la Bombonera. Cada vez que veo un partido, siempre pienso que voy a volver. Sé que tengo una mancha jodida, difícil de sacar, pero también sé que me van a perdonar y algún día voy a volver a la cancha", indicó.

El autor del hecho más recordado de la temporada 2015 se despegó de las acusaciones de que sea un hecho "político" y explicó que el gas pimienta lo tenía siempre encima por "defensa personal".

"Podés creerme o no, pero yo no soy el de esa escucha. Ya se lo expliqué a la jueza. Y el gas pimienta lo tenía siempre encima porque como salgo a laburar temprano y ya me habían choreado, lo usaba por defensa personal. Es más, una vez ya lo había usado en la Bombonera, contra un punga en un partido con Vélez. Pero sé que cualquier cosa que diga hoy no vale", aseguró.

En el juzgado de Wilma López, quién tomó las declaraciones indagatorias, reunió todas las pruebas y procesó a Adrián Napolitano y otros tres hinchas (Federico Blanco, Gustavo Florentín y Diego Blas Biglia) por lesiones leves agravadas cometidas en un espectáculo deportivo, más la accesoria de haber suspendido un partido, que tiene como sanción máxima tres años de prisión.

Las defensas apelaron y la Cámara confirmó lo actuado por la jueza en octubre pasado. Pero a tres meses de ello, aún no fue elevada a juicio oral.