El abogado penalista debe defender los derechos de su cliente, no ser socio del delito

Miércoles 24 de febrero de 2016
El caso ha dado un giro inesperado. Estoy convencido, mi cliente es inocente. Ahora tengo que convencer al juez.

El abogado penalista es la persona que, con título universitario, se dedica a defender en juicio los intereses de los litigantes y también de aconsejar sobre cuestiones jurídicas.

Cuando converse con su abogado recuerde que siempre deberá contar toda la verdad, luego él se encargará de acomodar las cosas de la mejor manera posible.

Usted comprende, mentirle a su propio abogado es una conducta tan tonta como peligrosa.

Sin embargo, aunque usted no lo crea, recibo semanalmente entre dos y tres mentirosos en mi despacho por semana. Los restantes cuentan la verdad solo a medias.

Esta situación se agrava enormemente cuando se trata de una persona detenida.

Es rigor de verdad, siempre han existido presos inocentes, pero en los últimos dos años la cantidad ha ido creciendo de manera constante, hasta llegar al 13 % de la población carcelaria bonaerense.

El porcentaje es alto, pero aún así por parte de un sector importante de los jueces también se advierte una especial agudeza en detectar casos de irregularidad jurídica.

A menudo sucede que el personal policial busca engañar al Poder Judicial en torno a la posible culpabilidad de uno o varios individuos.

Es allí donde la experiencia del buen juez debe florecer para no ser cómplice de una situación de injusticia.

Es claro que los familiares de aquellos que han sido muertos en un hecho delictivo desean ver entre las rejas al responsable, pero no a cualquier otra persona.

Es en estos casos, muy especialmente, donde se debe advertir que los abogados no somos auxiliares de la justicia. Somos parte integrante de la administración de justicia. Pues el concepto de administración de justicia no se agota con el Poder Judicial.

Los abogados no formamos parte del Poder Judicial, pero sí de la administración de justicia, que desde ya es mucho más como no podía ser de otra manera.

El abogado penalista debe defender los derechos de su cliente, pero nunca ser socio del delito que hubiera cometido el acusado.

El abogado tiene también la posibilidad de rechazar un juicio. Hay clientes intratables, por más buen voluntad que el abogado ponga en mantener una buena relación.

Aunque muchas veces es peor la relación que de entabla en los familiares del cliente.

Los familiares del cliente no pagan los honorarios del abogado, pero son críticos por naturaleza, de forma dura y descarnada. Total nada tienen para perder. El juicio no es de ellos, y el dinero tampoco.

Después de todo podrán decir que el juicio se ganó gracias al control que ellos ejercieron sobre el abogado. Y si se pierde, pues le dirán al familiar: “Viste, yo quería sacar a ese abogado, y vos no me hiciste caso”.

Como en todos los movimientos sociales, es muy fácil empujar a la gente, pero es muy difícil guiarla correctamente.

Una vez, un abogado tramposo por excelencia, me dijo: “Los abogados canadienses arreglan los hechos según la ley, en cambio los abogados argentinos, arreglan la ley según los hechos. Por eso los argentinos tenemos los mejores abogados”.

Desde ese día decidí no volver a conversar más con ese abogado, sólo lo saludo con decoro, y nada más.

Hugo López Carribero, abogado penalista.