“Grieta” brasileña: marchas a favor y en contra de Dilma

La salida del poder del PT, después de trece años, es una posibilidad.
Domingo 17 de abril de 2016
Bajo el mismo cielo azul de Brasilia hay un mundo de diferencia entre los miles de manifestantes que esperan con ansiedad el resultado de la votación de este domingo sobre el futuro de la presidenta de izquierda Dilma Rousseff.

A la división ideológica se suma una material, porque las autoridades montaron un muro de paneles metálicos de un kilómetro de extensión y dos metros de alto, a lo largo de la explanada de los ministerios, para mantener separadas las pasiones en un país más dividido que nunca desde el fin del régimen militar hace tres décadas.

Varias pantallas gigantes difundían los debates de los diputados desde el interior del Congreso.

Manifestaciones similares se registraban en Rio de Janeiro, Sao Paulo y otras ciudades, con decenas de miles de personas expectantes por el resultado de una votación que decidirá si Rousseff puede seguir en su cargo o hay motivos para abrirle un juicio de destitución en el Senado.

En Brasilia los ánimos están exaltados. Y los bandos divididos con colores y banderas distintas, haciendo oír cornetas, gritos y cantos de guerra donde nadie escucha a nadie, en un ambiente que por momentos evoca el de una final de fútbol.

A la izquierda, con el célebre edificio del Congreso y sus dos cúpulas al frente, los partidarios del gobierno, vestidos en su mayoría de rojo, ondean banderas del Partido de los Trabajadores (PT), de centrales sindicales y otros grupos sociales.

Con lemas como "No habrá golpe" o "en defensa de la democracia", esperan que esta noche la Cámara de Diputados rechace el impeachment contra Rousseff.

La salida del poder del PT, después de trece años, es una posibilidad que les da miedo.

"No es una batalla fácil", reconoce a la AFP Ednilson Sousa, un dirigente sindical de la construcción que llegó a Brasilia desde el estado de Bahia, en el noreste, para seguir la votación junto al Congreso en la explanada de los ministerios.

"Pero tenemos que estar aquí para defender lo que hemos logrado, para defender las elecciones de 2014, los 54 millones de votos que tuvimos, y evitar un golpe contra la democracia", agrega con convicción.

La profesora y militante comunista Vania Albuquerque es del estado de Pernambuco, también en el noreste, una de las regiones que más avanzó desde que Luiz Inacio Lula da Silva, antecesor y mentor de Rousseff, llegó al poder en 2003.

Dice que está preocupada, que tiene miedo "por todo lo que podemos perder".

"Por ejemplo: ya anduve muchas veces en bus, dormí en el suelo sin ninguna comodidad. Ahora volé en avión a Brasilia y me estoy quedando en un hotel. Y todo eso lo hemos logrado gracias a nuestra lucha. A la lucha del pueblo", afirmó.

"Yo no estoy acá ni por Dilma ni por Lula, sino por la democracia. Porque aun teniendo críticas contra el PT sería mucho lo que perderíamos, mucho el retroceso, muchos avances sociales se perderían", aseguró.

Al otro lado de este "Muro de Berlín", como fue bautizada popularmente la valla de separación, el ambiente es mucho más festivo. Hay enormes camiones de sonido y la multitud está optimista por los sondeos de prensa que muestran una tendencia a favor del impeachment.

"Fuera Dilma, Fuera PT", "¡Fuera petistas bolivarianos!", es lo que más se escucha entre los participantes, vestidos sin excepción de verde y amarillo, los colores de la bandera brasileña que se han convertido en emblema de los opositores.

Rosilene Oliveira, una desempleada de 58 años, quiere la salida de Rousseff para que el país se recupere y la economía, hoy en recesión, vuelva a crecer.

"El país está paralizado. Y si no se aprueba el impeachment seguirá así, sin avanzar. Este gobierno está hundiendo el país. Ya robaron todo lo que podían robar. Que se vayan, porque la salida de Dilma es un primer paso para que Brasil avance de una vez", sostiene.

El estudiante de agronomía Daniel Quagleliato, de 27 años, es de Sao Paulo. Ha participado en todas las grandes manifestaciones contra el gobierno que comenzaron hace un año, poco después de la reelección de Rousseff en 2014.

"Estoy cansado de la corrupción. Yo sé que el PT no es el único partido corrupto de Brasil, pero es el que ahora está en el poder y tiene que salir", declara a la AFP.

El juicio de destitución de Rousseff fue impulsado por el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, un ultraconservador acusado de recibir millonarios sobornos en el caso de corrupción en Petrobras.

Pero eso no parece amedrentar al estudiante. "¿Qué pienso de Cunha? Que está haciendo lo que el pueblo quiere", afirma.1