Disparatado: Johnny Depp y su esposa pidieron disculpas

Amber Heard admitió no haber respetado la ley asustraliana en 2015 cuando fue a vistar al actor, que filmaba "Piratas del Caribe". ¿Cuál fue el motivo?
Lunes 18 de abril de 2016

Es posible que usted ya conozca la historia, pero por si acaso, aquí van cuatro párrafos de antecedentes: Amber Heard, esposa de Johnny Depp, fue acusada en mayo de 2015 de entrar en Australia con sus dos perros, Boo y Pistol, sin declararlos. Violaba así las leyes de bioseguridad del país.

¿Cómo se entra en un país con dos perros sin que nadie se entere? Pasando de eso tan molesto llamado aviación comercial y usando su propio jet privado, como no podría ser de otra manera. Todo sucedió cuando Depp estaba rodando una de las entregas de Piratas del Caribe y el caso acabó convertido en un asunto de orgullo nacional: una estrella de Hollywood popular y millonaria se había permitido saltarse las leyes del país.

El ministerio de Agricultura amenazó con sacrificar a los perros (¿qué culpa tendrán los pobres?) y dio un plazo al actor para sacar a los yorkshire del país. Finalmente, toda la familia, perros incluidos, abandonaron la isla enfadadísimos y prometiendo no volver.

“DECLARAD TODO CUANDO ENTRÉIS EN AUSTRALIA”, FINALIZA JOHNNY DEPP. Y DESPUÉS, ANTES DEL FUNDIDO A NEGRO, UN APENAS AUDIBLE “GRACIAS”.
Amber Heard cumplió en un principio su palabra y plantó hasta en dos ocasiones al juez que la reclamaba en el país, pero finalmente el lunes pasado tuvo que enfrentarse a él en la ciudad australiana de Brisbane. La única condena ha sido pagar una multa de mil dólares australianos por introducir ilegalmente animales en el país.

Lo divertido viene ahora: además de esos 1.000 dólares australianos, que es lo que cualquier estrella de Hollywood multimillonaria podría encontrar en un bolsillo de una chaqueta que lleva meses sin usar, la pareja ha sido obligada a grabar un vídeo de disculpa en el que no parecen muy felices. De hecho, juraríamos que alguien les está apuntando con un arma para que hablen. Juraríamos, si fuésemos muy mal pensados, que esto es en realidad una parodia.