Melania Trump, una posible primera dama inmigrante

La esposa de Donald Trump, que busca ser el sucesor de Obama, tiene 24 años menos que él. Nació en Eslovenia, fue modelo frustrada en Europa y luego se instaló en Nueva York.
Jueves 19 de mayo de 2016

Ese 22 de enero, Melania tenía 34 años y hacía nueve que había llegado desde Eslovenia en busca de trabajo en la pasarela. Faltarían años para que el magnate republicano hiciera declaraciones antiinmigrantes por doquier en plena campaña por la presidencia.

Su apellido en realidad es Knavs pero cuando quiso destacarse como modelo en Milán, creyó que lo mejor sería volverlo más europeo, por eso cambió la "v" por una "u" y le agregó otra "s". Pasó a llamarse Knauss, apellido que iba perder en menos de diez años.

Bajo su nombre original, pre-occidentalizado, Melanija (no Melania) nació en 1970 en un pequeño pueblo cerca de las vías del tren, Sevnica, a una hora de la capital actual, cuando Eslovenia era parte de Yugoslavia. Eran tiempos duros, días grises y fríos, de hoz y martillo.

Sobre su familia, se sabe que sus padres estaban bien acomodados y no sentían de lleno los golpes del comunismo: su madre trabajaba en una fábrica de ropa de chicos y su padre era chofer.

Por decisión propia, por oficio, su madre siempre se encargó que sus dos hijas vistieran elegante. Ella misma confeccionaba sus atuendos. La moda estaba en sangre.

En "Melania Trump: la historia por dentro", los periodistas Bojan Pozar e Igor Omerza cuentan que siempre le interesó todo lo que tenía que ver con la belleza y el diseño, y que descubrió su talento cuando era aún muy pequeña: "En el garage de su padre, por ejemplo, limpió, reparó y repintó un viejo carrito y lo convirtió en una maceta. Además, era una aficionada a tejer en lana".

Eligió el diseño como meta, se anotó en la universidad local. Pero la casualidad la sorprendió en 1992: ganó el segundo lugar en un concurso de modelos, le ofrecieron irse a Europa, se dio cuenta de que en su pueblo natal de dos millones de habitantes no iba a conseguir mucho, hizo la valija, agarró el pasaporte y se fue a Italia.

Europa no funcionó. Estuvo cuatro años tratando de conseguir ese trabajo que la catapultara a las pasarelas más exclusivas para vestir los diseños más exquisitos. Quienes compartieron esos años con ella aseguran que se levantaba todos los días para prepararse para un nuevo casting y que en cada uno de ellos fracasaba. Melania se cansó de esperar, cumplió 26 años y se fue a Nueva York.

Fue en una fiesta. No podría haber sido de otra manera. Música de fondo, catering de primera calidad, alcohol con estilo, las mujeres más lindas, los hombres más codiciados, la Semana de la Moda y el exclusivo club nocturno Kit Kat de Nueva York en 1998 fueron el marco del encuentro. Allí Trump conoció a Knauss.

Donald la vio, se le acercó, Melania se resistió, no le quiso dar su número de teléfono. Lo vio llegar con otra mujer. Donald insistió y Melania lo sorprendió: le dijo que no iba a darle su contacto bajo ningún punto de vista, pero que si quería él podía dejarle el suyo. Estaba decidida a no ser una más del montón. Una semana después, ella fue la que llamó.

Desde ese entonces, están juntos. Ella tenía 28 y él 52. La diferencia de edad no los afectó jamás.

Tuvieron un paréntesis en el año 2000, la primera vez que Donald coqueteó con la idea de postularse para la presidencia de Estados Unidos -por aquel entonces planeaba hacerlo de la mano del Partido Reformista. Pero no duraron mucho separados. Cuatro años más tarde, en la glamorosa gala del Met, Donald le dio un anillo que le costó dos millones de dólares y le pidió que se casara con él. Era la tercera vez que el magnate hacía la misma pregunta. Siempre a mujeres distintas. Siempre le dijeron que sí.

En enero de 2005, Melania se calzó un vestido que costó cien mil dólares, que precisó 550 horas de trabajo manual y que llevó 1500 cristales y le dijo que sí ante una multitud y una torta que media más de un metro y medio, pesaba casi cien kilos y estaba decorada con extravagancia. Una vez más.

En la actualidad, Melania y Donald son los padres de Barron, de diez años y hermano por parte de padre de Donald Jr., Ivanka, Eric y Tiffany.

Sí gana Donald, ella será la primera dama inmigrante de los Estados Unidos.