¿Subvenciones y granjeros en la ruina?

Mucho trabajo por cada vez menos dinero. Los productores de leche se hallan ante un dilema: muchos se ven obligados a cerrar sus granjas. No todos ven las subvenciones con buenos ojos.
Sábado 28 de mayo de 2016
“Si está buscando a alguien a quien arrancarle una lágrima, desde luego no soy la persona idónea”, deja claro Michael Greshake. Él es productor lechero en Velbert, en la región de Renania del Norte Westfalia, y el bajo precio en el mercado desde luego le está jugando una mala pasada.

Ya en septiembre de 2015, la Unión Europea aprobó una inyección de liquidez de 500 millones de euros a agricultores debido a los bajos precios de los productos agrarios.

Casi 70 millones irán a parar a los productores de leche alemanes en 2016. Ahora, la Asociación de Agricultores de Alemania exige también ayuda al Gobierno alemán. El Ministro de Agricultura alemán, Christian Schmidt, se reunirá este 30 de mayo con los representantes de la industria lechera. Se trata sobre todo de “repartir equitativamente los riesgos de mercado” dentro de la cadena de valor.

"¡Vaya tontería!”, dice mofándose el agricultor Greshake. Su comprador es la empresa holandesa Campina, que está obligada por contrato a comprarle cada litro de leche que él produzca. El riesgo de la sobreproducción recae en principio en las lecherías. Si los granjeros bajo contrato producen más y la demanda no aumenta, sería lógico que el precio de compra a los productores pueda bajar en algún momento.

Bernhard Rueb, portavoz de la Cámara de Agricultores de Renania del Norte Wesfalia (LKW), no quiere tampoco culpar a los grandes grupos comerciales y a las lecheras.

Sería poco lógico, ya que las lecheras alemanas suelen estar en manos de los productores. Rueb dice que el aumento del precio de la leche solo haría aumentar la cantidad de producción.

Los agricultores alemanes apostaron por el mercado mundial, y el Gobierno del país los apoyó. El fomento de inversiones ha impulsado a los agricultores a construir vaquerizas enormes. Para poder pagar los créditos, producen lo más posible, pero comprueban a pesar de todo que en otros lugares la producción láctea es más barata.

Por estos motivos, el campesino Greshake no tiene muy buena opinión sobre las subvenciones. "Sobre todo distorsionan el mercado“, dice este hombre de 52 años. Es válido también para las primas que paga la UE por hectárea de tierra cultivable, por la cuota de la leche suprimida en 2015 y para las ayudas de inversión. “Sin ellas, muchos colegas no estarían hoy en la ruina“.

Desde 2000, la cifra de los granjeros lecheros se ha reducido a la mitad: 73.000. En 2015, cerraron 1.700 empresas del sector, pocas en comparación.
Muchas horas de trabajo


Greshake trabaja entre 60 y 70 horas semanales y no tiene vacaciones. Las vacas deben ser ordeñadas dos veces al día. Tiene una persona que lo ayuda media jornada o a veces sus hijos lo hacen. Aunque trabaja por dos, su sueldo está por debajo del promedio alemán. De todas maneras, Greshake no quiere tirar la toalla, preferiría reducir su negocio. “No tengo ganas de ordeñar por los precios actuales de la leche”, admite el granjero.

Para diversificar las fuentes de ingresos, la Cámara de Agricultores de la región anima a los agricultores a administrar una planta de biogás o plantas fotovoltaicas, pero Greshake ve estas opciones con escepticismo.

La familia descubrió su propio modelo. La esposa de Greshake, Claudia, usa la granja para visitas de colegios y fiestas de cumpleaños infantiles. No es precisamente una diversificación del negocio, pero cada uno gana su propio dinero, como sucede en otros matrimonios.