Arresto a López: "El Papa quiere saber qué son esas bolsas"

El teniente primero de la Policía Bonaerense, Pablo Elmo Román, relató en detalle cómo fue la detención del ex funcionario kirchnerista al llegar al convento.
Martes 28 de junio de 2016
El teniente primero de la Policía Bonaerense Pablo Elmo Román contó cómo llegó al monasterio, cómo fue su primer contacto con el hombre de confianza de Néstor y Cristina Kirchner, y las dificultades que existieron para ingresar al establecimiento.

"Llegamos por un llamado del 911, donde nos dicen que había un 'Natalia' (sujeto no identificado, en la jerga policial) que estaba tirando unas bolsas para el lado del monasterio y que había un vehículo en la parte de afuera", dijo Román, quien precisó que se encontraba a solo veinte cuadras del lugar y eran las 4 de la mañana, por lo que no demoró más de tres minutos en llegar.

Una vez que arribó junto a tres compañeros al convento Nuestra Señora del Rosario de Fátima, ubicado en General Rodríguez, todos advirtieron que había un auto en marcha y con las luces encendidas, estacionado en diagonal. Pero adentro no había nadie.

"En un momento fui yo a tocar el portero eléctrico de las monjitas y no salía nadie. Estuve unos 5 o 6 minutos", contó. Fue ahí cuando los policías se encontraron con Jesús, el hombre que hizo el llamado al 911, quien estaba esperando "escondido en la oscuridad" en el patio de su domicilio y les comentó el extraño hecho que había presenciado.

Luego volvieron a intentar comunicarse a través del portero eléctrico. "Tocamos y nada. Empezamos a tocar sirenas y nada. Vuelvo a tocar el portero. No sale nadie". Unos minutos más tarde contestaría una de las hermanas "de avanzada edad". Román se presentó como policía y le informó la denuncia que había realizado el vecino. "Queremos que estemos tranquilas, que estén bien", le dijo el oficial. Pero la religiosa le negó el ingreso. "Estamos bien, acá no saltó nadie", respondieron del otro lado.

No obstante, más tarde decidieron permitirles el ingreso. "Cuando se va abriendo el portón, hacemos dos pasos y el hombre este (López) venía caminando, estaba comiendo escones. Y por precaución nos quedamos".

Luego tendría lugar el siguiente diálogo entre Román y el ex funcionario.

—¿El Monseñor Laguna?
—Hace 20 años que murió.
—Dejó el vehículo afuera, ¿no tiene miedo de que se lo roben?
—No, no importa

En ese momento, los oficiales le exigieron la documentación correspondiente al vehículo, pero López dijo no tenerla consigo. "Yo lo veía que o se hacía o no estaba en sus cabales. Estaba atento y le había dicho a mis compañeros que estuvieran atentos por si tenía un arma, no sabíamos nada", recordó Román en diálogo con Radio Nacional.

La conversación continuó de la siguiente manera, que, según dijo el policía, remite a una técnica que es habitual en esas circunstancias.

—Yo te conozco a vos.
—Yo también te conozco.
—¿Sabes qué? Llamó el papa Francisco y quiere saber qué son esas bolsas que tiraste adentro.
—No.
—Queremos saber qué hay en las bolsas esas.

"Ahí me dejó de hablar, no me miró más. Y le digo al Capitán que vamos a ingresar. Porque hay algo que no cierra. Acá algo va a pasar", relató el oficial, quien decidió en ese instante entrar con una compañera suya, dejando a los otros tres oficiales en el exterior junto a López.

En el hall del monasterio vieron que había un arma, lo que motivó la aprehensión. "Ahí digo que voy a esposar a este hombre. Cuando yo me le acerco a López, le digo que tiene un fierro y me le abalanzo, del otro lado lo agarra mi compañera y le pusimos los ganchos".

Tras la captura, decidió acceder nuevamente al establecimiento junto al capitán. Pero nuevamente las monjas ofrecerían resistencia. "Les pedimos que nos abrieran y no querían. Pero al final nos abren", dijo. Una vez adentro, hablaría con Alba, una monja de 95 años, quien le confesó: "Me viene a pedir perdón porque él robó la plata pero era para llevar al monasterio".

Segundos más tarde descubrirían que, del otro lado de una puerta, estaban los bolsos con joyas, relojes y millones de dólares que López buscaba ocultar esa noche. "Semejante barbaridad de plata nunca había visto".

Tras el episodio, el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires ascendió a los cuatro policías que detuvieron al hombre por la muestra de "honestidad, lealtad y capacidad". "Hasta ese momento, era un caso más. Después tomé la dimensión de lo que había pasado", finalizó uno de los responsables de la captura.