Tucumán en 1816: reconstruyen el clima social y político

Ya pasaron 200 años y hay un escenario de "independencia" que no pierde vigencia.
Viernes 8 de julio de 2016
La casa de Francisca Bazán de Laguna, una mujer tradicional de la ciudad de Tucumán, albergó las históricas sesiones de aquel Congreso que representaba a Buenos Aires, centro y norte de la actual Argentina y sur de Bolivia, y que confluyó el 9 de julio de 1816 con el voto de 29 diputados declarando la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Los representantes llegaban en general solos, sin comitiva y con escasos fondos a un sitio en el que reinaba un clima de tensión política y, al mismo tiempo, una intensa atmósfera social de tertulias y bailes.

La perspectiva del encuentro era la rúbrica de esa independencia que había quedado inconclusa en la Asamblea de 1813; una independencia que Artigas no había dudado en declarar un año antes en el Congreso de los Pueblos Libres aglutinando las provincias del litoral y oriental; una declaración que San Martín reclamaba con énfasis para avanzar con el proyecto libertador de Sudamérica; una independencia que 6 años atrás latía en el espíritu de Moreno, Belgrano, Castelli, Monteagudo, y que las contradicciones criollas retrasaron y silenciaron; una independencia que -finalmente- se declaraba cuando el resto del territorio latinoamericano volvía a manos de los españoles.

Para 1816 sólo el Río de la Plata seguía bajo el dominio criollo, además de Paraguay y Haití; y el resto del continente era víctima de la ofensiva realista que volvía a imponerse sobre las fuerzas americanas que en 1810 en Caracas, Bogotá, Santiago de Chile y en el México de Hidalgo y Morelos, había logrado doblegar a las fuerzas coloniales y establecer gobiernos propios.

En este marco, la declaración de la independencia era la herramienta que necesitaba San Martín para avanzar sobre los núcleos monárquicos en Chile y Perú y romper, definitivamente, las cadenas del colonialismo español mientras Bolivar recuperaría junto a Sucre, Santander, Flores y Páez, entre otros líderes, el norte de Sudamérica.

La casona donde tuvieron lugar las sesiones, la más amplia de la ciudad, con dos grandes patios y un jardín al fondo, ubicada en la calle de la Matriz 153, fue acondicionada especialmente para el Congreso: "Parte de las habitaciones ya estaban alquiladas por el gobierno local para el funcionamiento de oficinas públicas. Sin embargo, requirió algunas remodelaciones para acondicionar la sala de sesiones. Así que, hasta que estuvo lista, las reuniones preparatorias tuvieron lugar en la casa del gobernador Bernabé Aráoz", relató a Télam Georgina Abbate, especialista en Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Tucumán y estudiosa del proceso de la independencia.

Se amplió la sala donde se reunirían los congresales mediante la demolición de un tabique que la separaba de otro cuarto y "se buscó el mobiliaro, especialmente las sillas, que fueron aportadas por los conventos de religiosos locales Santo Domingo y San Francisco, y por el mismo gobernador", añadió.

La investigadora destacó que las sesiones habían concitado el interés de un numeroso público que seguía atentamente desde "la barra y afuera de la sala" las intervenciones de los diputados, y que las jornadas de especial expectativa fueron las de la declaración de la independencia y la de la elección del director de Estado en la persona del representante de San Luis, Juan Martín de Pueyrredón".

Los diputados, provenientes de las provincias de Buenos Aires, Salta, Santiago del Estero, Mendoza, Tucumán, Jujuy, Córdoba, Catamarca, San Juan, Charcas, Mizque y Chichas, "en general llegaron solos”, dijo Abbate.

Y agregó que “algunos trajeron un edecán para asistirlos. Había gran dificultad para cubrir las dietas de los diputados por lo escaso del erario de las ciudades, no alcanzaba para que los acompañara una comitiva", precisó.

Mientras el clima político de esos días era intenso en todo el territorio por las disputas internas y las amenazas españolas, en la ciudad se vivía una atmósfera social que acompañaba y enriquecía los acontecimientos.

Abbate señaló que "existen testimonios de la participación de los diputados y de los oficiales del Ejército Auxiliar que, bajo el mando de Belgrano, se acantonó en la ciudad y participaron de las tertulias y los espacios de intercambio social de la época".
Abbate también destacó la presencia de las mujeres "en las conversaciones en tertulias y bailes, accediendo a las cuestiones que marcaban el pulso de la vida política".

Y, al final, legó el 9 de julio: "En la ciudad se había corrido la voz de que ese día se trataría la declaración de la independencia", destacó el historiador Jorge Perrone en 'El diario de la República Argentina'.

Luego añadió que una gran cantidad de gente se agolpó en los patios y frente a la casa de Francisca Bazán "esperando las deliberaciones que comenzaron a las 8 de la mañana y culminaron a las 5 de la tarde con aplausos y vítores".

La jornada terminó con un festejo en esa casona, que acababa de convertirse en histórica, donde "asistieron gran cantidad de jefes y oficiales del ejército como Paz, Lamadrid y el mismo Belgrano", agregó Perrone.

De este modo quedó declarada una independencia que rompía "los violentos vínculos" con España y supo recuperar "los derechos despojados", como documentó el acta de 1816, a la que diez días después se agregó al juramente de la emancipación del rey, de sus sucesores, de la metrópoli, "y de toda otra dominación extranjera".