Horror en convento: castigaban a latigazos a monjas

La Justicia allanó el convento tras una denuncia por prácticas de torturas físicas y psicológicas a las religiosas que están en claustro. "Encontramos instrumentos de castigo", confirmó el fiscal.
Jueves 25 de agosto de 2016
Autoridades judiciales y policías allanaron el convento de las Carmelitas Descalzas de la localidad entrerriana de Paraná, donde se denunciaron graves tormentos físicos y psicológicos.

El procedimiento, realizado en base a una denuncia periodística, fue encabezado por el fiscal Federico Uriburu, quien lo consideró "positivo", al señalar que fueron hallados cilicios, accesorios para provocar dolor utilizados antiguamente como penitencia, y látigos.

El instructor sostuvo que para ingresar al establecimiento religioso debieron vencer la "resistencia" de la madre superiora del convento.

En ese sentido, indicó que hubo que utilizar la fuerza para entrar porque no se permitía el ingreso, con lo cual se rompió una puerta del convento".

"No hubo necesidad de revisar cada cuarto porque una vez que se venció la resistencia inicial de la medida, de parte de la Madre Superiora, al revisar algunas dependencias se aportaron en forma voluntaria una cantidad de cilicios y látigos, que son pequeñas fustas de unos 30 a 40 centímetros", informó Uriburu en declaraciones a Radio La Plaza de Paraná.

Uriburu señaló que el procedimiento judicial "se motiva en la investigación periodística (realizada por la revista Análisis Digital) donde se detallan ciertos elementos de tortura o autoflagelación".

En tanto, sostuvo que por el momento no había imputación alguna y que las averiguaciones son por supuesta "privación ilegal de la libertad", mientras que el operativo fue ordenado por la Procuración General de la provincia.

En la denuncia publicada por la revista, se habla de torturas físicas y psicológicas, que incluye el flagelo y la desnutrición.

Entre otros detalles, se señala que las monjas tienen prohibido abrazar o darle la mano a los familiares o mirarse al espejo, o por el reflejo de un vidrio.

El escarmiento comprende también vivir a "pan y agua" durante una semana; el uso del cilicio en las piernas, por varias jornadas, como sacrificio o bien la colocación de una mordaza en la boca, durante las 24 horas y por espacio de siete días.

También se señala que como práctica habitual semanal, las monjas se autoflagelaban desnudas, pegándose en las nalgas con un látigo provisto de varias puntas durante 30 minutos