¿Por qué las mujeres pierden el interés por el sexo con el tiempo?

Lunes 19 de septiembre de 2016

Aquello que muchos han defendido y otras hemos cuestionado parece ser cierto: las mujeres con pareja estable pierden el interés por el sexo con el paso de los años. Así lo demuestra un estudio psicológico canadiense. Y no, las hormonas y la edad no son las únicas culpables de la pérdida de deseo.
Hace poco os hablábamos sobre la frecuencia de sexo perfecta para ser feliz y cómo la discrepancia en el deseo era motivo de conflictos, rupturas y, a veces, de infidelidad en parejas de largo recorrido.

En dicho artículo, también explicábamos que la discrepancia en el deseo no supone el final de un relación amorosa, aunque suele despertar cierto malestar en ambos miembros, especialmente en el rechazado: ¿ya no te atraigo? ¿no eres feliz a mi lado? ¿se ha perdido la magia entre nosotros?

Magia… He aquí el quid de la cuestión. Algunos creen que el amor se reduce a un especie de hechizo que une a dos personas hasta el resto de sus días y lo cierto es que no es así: la conexión y pasión también requieren trabajo y dedicación. Pero no adelantemos acontecimientos.

Deseo Sexual
Sarah Murray y Robin Milhausen, sexólogos de la Universidad de Guelph (Canadá) evaluaron el deseo y satisfacción sexual en una población de 170 universitarios de ambos géneros con experiencia en relaciones de un mes a nueve años de duración. Tras la investigación concluyeron que, en general, los estudiantes se encontraban satisfechos con su vida sexual y de pareja; sin embargo, el deseo de las mujeres descendía en un 0,02% en cada medición mensual, mientras que el de los hombres se mantenía siempre estable. ¿A qué se debían estas diferencias? ¿Por qué ellas perdían interés a pesar de sentirse felices con sus relaciones sexuales?

No todo tiene que ver con las hormonas y la edad
Aunque supone un hecho constatado que los niveles de testosterona (responsables de nuestra libido) descienden en la mujer a medida que vamos madurando, un cambio hormonal no es causa única y determinante de la disminución del deseo sexual femenino. Murray y Milhausen, al igual que la mayoría de los expertos en sexología, aseguran que nuestra sexualidad no se reduce a un mero mecanismo biológico; también los factores psicológicos y ambientales conforman el pilar donde se sustenta nuestra respuesta sexual y, por lo tanto, se encuentran intrínsecamente relacionados con la disminución del deseo.

Un ejemplo sería la relación ansiedad-sexo: cuando estamos sometidos durante largo tiempo a niveles de estrés laboral y/o familiar (cuidado de hijos, un pariente enfermo…), nuestra libido parece desaparecer. Una vez pasada la etapa de estrés (véase unas merecidas vacaciones) casi “milagrosamente” los contadores del deseo ascienden vertiginosamente.

Demasiadas expectativas pueden provocar una pérdida de interés sexual
Un tercer factor causa-efecto en el deseo sexual femenino es la visión que tiene la mujer respecto a la relación de pareja en el transcurso del tiempo. Según las conclusiones de Murray, aquellas mujeres que sueñan con vivir una eterna luna de miel con sus parejas suelen sentirse decepcionadas al descubrir una realidad muy diferente: la serenidad de las emociones y los sentimientos a media que pasan los años. Ese pequeño gran chasco afecta a su satisfacción y deseo. Por lo tanto, podemos concluir que enamorarse del amor también esconde sus riesgos.

La presión social respecto al ideal de belleza femenino puede resultar una condena para muchas mujeres; y no solo durante la adolescencia, también en la treintena. Esa chica de veinte, que empezaba a salir con su compañero y se sentía segura con su cuerpo, diez años después empieza incomodarse con los primeros signos de la edad: aumento de peso, arrugas, celulitis… El sentimiento de frustración al comprobar que nos alejamos del estandarte “mujer 10” (siempre joven y siempre perfecta) puede derivar en problemas serios de autoestima, miedo a intimar con la pareja y la consecuente inhibición del deseo.

Así quedó patente en el primer estudio realizado en laboratorio sobre la autoestima corporal y el deseo sexual por el departamento de piscología de la Universidad de Texas (Austin) en el año 2009. Para dicho experimento dividieron a 85 mujeres en diferentes grupos según sus niveles de autoestima. Todas ellas fueron expuestas al mismo visionado de estímulos de carácter erótico (por ej., escenas sexuales) con la medición posterior de su respuesta sexual. De esta manera, pudieron comprobar que aquellas que se sentían felices con su cuerpo obtenían puntuaciones más altas en deseo sexual que sus congéneres con baja autoestima corporal.

¿Por qué el deseo sexual de los hombres parece imperecedero?
Según las teorías evolutivas, ellos mantienen niveles de testosterona más altos que la mujer por una cuestión biológica: aumentar su descendencia y así perpetuar la especie. Los expertos coinciden en que esto no excluye que su libido y respuesta sexual salga indemne ante factores psicológicos y ambientales negativos. Pero cierto es que en una de las investigaciones más exhaustivas sobre diferencias del deseo sexual entre géneros, realizada por Baumeister, Catanese y Vohs no se encontró evidencia alguna de que el apetito sexual femenino fuera más intenso que el masculino en ninguna de las diferentes etapas de la vida: adolescencia, juventud, madurez o ancianidad.