Cárceles colapsadas: están en ruinas y faltan candados

Las instalaciones están muy deterioradas. No hay colchones,equipamiento ni transporte para los traslados de los detenidos.
Lunes 26 de septiembre de 2016
El caótico panorama con que se encontró la gobernadora María Eugenia Vidal en las unidades penitenciarias de la Provincia obligó a trabajar en una reforma integral. Algunas no tenían ni candados suficientes para cerrar rejas, puertas y portones. Tampoco había posibilidad de movilizar presos: el 80% del parque automotor estaba fuera de servicio, con lo cual cualquier traslado demoraba, al menos, tres meses.

Según el informe oficial que llegó a manos de Vidal, seis unidades penitenciarias superan los 100 años y, de ellas, tres fueron construidas en el siglo XIX. El equipamiento siguió la misma línea de tiempo: la última compra de computadoras data de 2006 y muchas no se conectan a internet.

En el caso del penal de Magdalena, la red cloacal no tuvo mantenimiento ni tampoco la planta depuradora. Según el informe, “el entubado subterráneo fue aplastado por la construcción de casas, lo que produjo la obstrucción en la salida de aguas cloacales”.

Otro caso: en el penal de Olmos, “los pabellones de planta alta cuentan con puertas de emergencia pero no poseen escaleras”. Es decir, si tuvieran que salir, “las personas caerían al vacío”.

Los presos nunca probaron en 2015 “frutas con vitamina A y B, té, leche fluida, aceite o harina de maíz”. En Magdalena no había levadura desde febrero del año pasado. En cuanto a la salud: además de falta de insumos básicos, el quirófano de Olmos “estaba fuera de uso desde hace más de cuatro años”. Como corolario, cuando Vidal asumió, en diciembre, se encontró con que faltaban 7 mil colchones.

En este marco, el ministro de Justicia bonaerense, Gustavo Ferrari, lanzó hace dos semanas un plan de reforma del Servicio Penitenciario basado en la construcción de dos nuevas cárceles (Campana y Lomas de Zamora) para “combatir el hacinamiento con 2 mil plazas anuales”.

Todas estas irregularidades se dan en un marco aun peor: la superpoblación carcelaria, entre comisarías y cárceles, supera las 9 mil personas. “El hacinamiento, después de 15 años sin construir cárceles grandes, no podemos solucionarlo sólo en tres años. Pero estamos con una reforma integral que incluye desde capacitación hasta la reactivación de los talleres para que puedan trabajar”, explica el ministro Ferrari. Por lo pronto, en el Presupuesto 2017 comenzarán a debatirse los fondos para que el año que viene comiencen a verse las mejoras.