Sexo postruptura: ¿sirve o todo lo contrario?

Lunes 26 de septiembre de 2016

En la Universidad de Missouri, Lynne Cooper realizó un estudio sobre motivación y conducta tras una ruptura sentimental con 170 estudiantes que acababan de finalizar una relación amorosa duradera. En el primer mes de investigación encontró que un 35% de su muestra había recurrido al sexo como estrategia para combatir la tristeza y olvidar a su ex; y un 25% de este grupo había utilizado el sexo “de repuesto” como venganza hacia su antigua pareja.

Como ya sospechaban, los estudiantes que no habían tomado la decisión de poner punto y final a la relación (los dejados) mostraban mayor propensión a ese sexo “de repuesto” debido a la carga de ansiedad ocasionada por la ruptura. Sin embargo, fue más curioso que los estudiantes que optaban por el sexo para superar la ruptura continuaban saltando de pareja en pareja incluso cinco meses después del final de relación.

Según las conclusiones de la investigación, el sexo no sana un corazón roto. De hecho, la psicóloga Cooper lo tipifica como conducta desadaptativa para enfrentarse a la ansiedad, el sentimiento de soledad y abandono causados por la ruptura. Y en algunos casos se corre mayor riesgo de quedarse anclados en el dolor y en la relación con el ex.

El problema reside en ese caos emocional que experimentamos durante el duelo de la separación. Podemos creer que en una aventura pasional sólo buscamos sexo emocionante y por placer cuando en realidad anhelamos afecto, complicidad y comprensión, es decir, los momentos dulces que vivíamos en nuestra anterior relación. Y esto no siempre se encuentra en el sexo casual.

Y lo peor de todo es que esta pequeña decepción puede derivar en mayor aflicción al ser consciente de que todavía estamos lejos de superar la ruptura. Entonces vienen lo miedos y reproches: “¡qué hice mal para llegar a perderlo!”, “¿por qué no fui capaz de poner remedio antes de la gran catástrofe?” o “no encontraré a nadie igual que ella/él”. Con este tipo de pensamientos se puede caer en la trampa de idealizar a la expareja o engancharse al sexo “de repuesto” como analgesia temporal a la ansiedad y soledad post-ruptura.