"Brexit": Reino Unido endurece el discurso y eleva la tensión

La desconexión de Reino Unido del resto de Europa amenaza con tensarse aún más tras las últimas declaraciones de la primera ministra británica, Theresa May.
Martes 11 de octubre de 2016
La desconexión de Reino Unido del resto de Europa amenaza con tensarse aún más tras las últimas declaraciones de la primera ministra británica, Theresa May. La relación será cada vez más compleja si se cumplen las intenciones del nuevo Gobierno británico de acelerar el proceso haciendo especial hincapié en el control de la inmigración y el libre movimiento de personas y capitales.

La cotización de la libra en los mercados de capitales refleja el incremento de la incertidumbre respecto al proceso de negociación entre Reino Unido y sus socios comunitarios. La libra ha descendido ya un 17% desde la victoria del Brexit y algunos analistas prevén hasta un 10% de depreciación adicional en los próximos meses. La economía británica ya está sufriendo alguno de los efectos derivados de la incertidumbre, pero lo peor puede estar por venir.

Mientras la libra se desploma, la Bolsa británica alcanza nuevos máximos, atrayendo a inversores internacionales que están tomando posiciones en empresas de calidad que se pueden beneficiar de la depreciación de la libra.

Aún no se ha activado el artículo 50 que marcaría el inicio de la desconexión definitiva y sin vuelta atrás de Reino Unido, pero disminuyen las esperanzas de que el proceso iniciado tras el referéndum se pudiese revertir. La postura del nuevo Gobierno británico es clara. Su intención es acelerar el trámite para hacer efectivo el artículo 50 en marzo de 2017.

La piedra angular que alimenta la tensión entre ambos bandos es el control de la soberanía nacional y el cierre de fronteras al tránsito de personas. A pesar de los llamamientos desde el sector empresarial, el Gobierno británico no tiene intención de ceder en este punto y la posición del ala más dura se está imponiendo.

Desde Europa también se han producido algunas declaraciones en respuesta a esta vuelta de tuerca, endureciendo a su vez el mensaje. La Unión Europea no parece dispuesta a permitir que Reino Unido conserve gran parte de los beneficios económicos de pertenecer a la eurozona y ninguna de las obligaciones en cuanto a la cesión de soberanía.

Tanto Reino Unido como Unión Europea saldrían beneficiados de un proceso de negociación tranquilo que garantizase una relación estable. Puede que los políticos británicos favorables a la independencia total no estén evaluando con objetividad las consecuencias a las que se enfrenta el país.

Si piensan que Europa terminará por ceder a sus pretensiones puede que estén sobrestimando su capacidad negociadora. El precedente sentado por la decisión de los británicos de abandonar al resto de sus socios ha supuesto un duro golpe moral para el proyecto comunitario.

Nadie preveía que un país pudiese decidir abandonar de manera voluntaria el espacio común europeo, y eso es un peligroso precedente para el resto de países. Más aún, en el actual entorno político en el que crecen con fuerza los partidos radicales y euroescépticos, los dirigentes europeos no se pueden permitir el lujo de mostrar debilidad.

Los euroescépticos pueden convencer a los indecisos trasladando el mensaje de que abandonar la Unión Europa conlleva más beneficios que desventajas y ahondando en la idea de que "si los británicos lo han hecho, ¿por qué no nosotros?".

Los efectos de la crisis financiera sobre los ciudadanos han creado un caldo de cultivo muy propicio para los mensajes populistas que enfocan en Bruselas el origen de todos los males para la ciudadanía.

Más allá de las consecuencias económicas que supone romper la gran interrelación entre Reino Unido y Unión Europea, que son importantes socios económicos, el verdadero riesgo a medio plazo es que siga ganando peso el sentimiento antieuropeo.

La situación económica y política de Europa es débil, y no puede permitirse más grietas en sus cimientos. La Unión Europea debe mostrar solidez en un periodo en el que su peso político y económico en el panorama internacional está menguando frente al ascenso de nuevas potencias.

El proyecto comunitario ya está en marcha y las consecuencias de dar marcha atrás podrían ser devastadoras, por lo que la forma en que se lleve a cabo el proceso de negociación con Reino Unido es una prueba de fuego de su viabilidad a futuro.

Británicos y europeos están condenados a entenderse por el bien de ambos bandos, pero los primeros escarceos no anticipan un proceso de negociación sencillo.