Un arrepentido contó cómo funciona la mafia de los narcoaviones

El año pasado, la Fuerza Aérea detectó "unos 400 vuelos no autorizados que no pudieron ser interceptados por falta de aviones adecuados".
Sábado 19 de agosto de 2017

 

 Narco avioneta

La ONG Asociación Antidrogas de la República Argentina denunció que a lo largo y ancho del país, pero sobre todo en provincias como Buenos Aires, La Pampa, Chaco, Corrientes y Santa Fe, "hay unas 1500 pistas clandestinas en actividad, usadas por las mafias narcos y no se hace nada para clausurarlas".

 

De esa manera la mafia de los narcoaviones consigue ingresar al país su millonaria carga sin tocar tierra. Mediante el empleo de GPS, arrojan las sacas con marihuana o cocaína, en los descampados.

 

Luego, los bultos se esconden en camionetas o camiones, que ya están apostados en el lugar. El éxito final estará asegurado si cada uno cumple con su parte. Una de las más importante, el soborno a las fuerzas de seguridad para que hagan la vista gorda cuando el convoy pase por los retenes.

 

Así y todo, en los últimos dos años se incautaron seis narcoaviones. Cuatro de ellos pertenecían a la banda narcocriminal liderada por el brasileño Marino Divaldo Pinto, que operaba en la provincia de Corrientes y tenían sus pistas clandestinas ubicadas en las estancias Santa María del Aguapey y Santa Úrsula, ubicadas en la localidad de Santo Tomé.

 

UN ARREPENTIDO APORTÓ DATOS DE LA RUTA NARCO

 

Los detalles del funcionamiento de la mafia de los narcoaviones relatados hasta aquí constan en una causa que tramita en la Justicia Federal de Santa Fe y fueron volcados en un expediente clasificado instrumentado por el entonces juez Virgilio Palud –hoy juez provincial- por uno de los pilotos que declaró como arrepentido, bajo reserva de identidad, y que se mencionará como "Testigo A".

 

El "Testigo A" reconoció bajo juramento que volaba para uno de los máximos proveedores de marihuana –y en menor medida de cocaína- de los bunkers de Capital Federal. El hombre era un paraguayo enorme al que le decían "King Kong".

 

"King Kong", al momento de declarar el "Testigo A", estaba prófugo de la justicia santafecina desde el 9 agosto de 2006, después de escaparse caminando por la puerta principal de la Alcaldía de Reconquista. La fuga del mayor narcotraficante paraguayo capturado en nuestro país convirtió en un polvorín a la policía santafesina.

 

Según su declaración, varios de los aviones usados por la red mafiosa del gorila eran suministrados a pilotos como él por un paraguayo de nombre "Luis Herrera alias 'osito'", eran "un Cessna Bimotor 310 con matrícula Argentina; un Bimotor Navajo Chiefaint (Piper) robado en Brasil con matrícula falsa Argentina que se prendió fuego mientras despegaba de Pindoyú (en el Distrito de Abaí, en Paraguay)" evento en el cual "murieron carbonizados los dos pilotos brasileños", o por ejemplo, un Piper Comanche robado en Argentina".

 

La droga, en la provincia de Buenos Aires, era arrojada desde el aire, o una vez que la aeronave tocase tierra, en campos y estancias de las localidades de "Pergamino, Saladillo, Roque Pérez, San Miguel del Monte, en Abott o Corral de Bustos en Santa Fe".

 

Gracias a esa precisión, aportada por un infiltrado en la organización criminal, los efectivos de la Policía de Seguridad Aeroportuaria –la única fuerza que no había sido sobornada por los largos brazos de "King Kong"- sorprendieron a los narcos en plena actividad.

 

El operativo se llamó "Pinito Verde". La razón, los panes de marihuana, los mismos que solía trasportar en sus aviones el "Testigo A", tenían sobre el termosellado una etiqueta con las inscripción "PINITO", dibujado en el centro del círculo.

 

Esa marihuana se cultiva justamente en una zona de pinos. El cannabis después era apisonado y mezclado con agua y miel que al secarse, le otorgaba un sabor especial gracias al cual Cardozo se había granjeado un muy buen negocio con los líderes narcos de las villas porteñas de la 1-11-14, en el bajo Flores, y la 31 y 31 bis en Retiro.