MEDITACIÓN Y SALUD

Laurence Freeman, el monje benedictino que cura el estrés

Freeman, de 66 años de edad, antes de vestir hábitos había desarrollado sus actividades en el sector financiero y el periodismo. Ahora ayuda a los demás a través de la meditación para curar el estrés.
Jueves 22 de febrero de 2018

Laurence Freeman - Monje - Cura de stress

 

Laurence Freeman es un monje benedictino, cuya escuela atrae desde hace tiempo a diferentes líderes, especialmente entre económicos, de todo el mundo.

 

Tal es el caso de Ray Dalio, fundador de Bridgewater, uno de los más importantes hedge funds del mundo; y Sean Hagan, director del Departamento Jurídico del FMI. Claro que más allá de su actividad en el mundo de la dirección de empresas y el de los negocios, estos hombres se vieron fuertemente atraídos por la meditación y
la oración contemplativa.

 

El absoluto responsable de unirlos ha sido justamente el mencionado Freeman, monje benedictino inglés de 66 años de edad que antes de vestir hábitos había desarrollado sus actividades en el sector financiero y el periodismo.

 

"La meditación hace mucho más que reducir el estrés de los directivos; ayuda a alcanzar una armonía personal, a controlar el ego y a conseguir una perspectiva personal y social", dijo Laurence Freeman; quien tomando como norte las enseñanzas de otro sacerdote benedictino, John Main, fundó en 1991 la Comunidad
Mundial para la Meditación Cristiana, un grupo de sacerdotes y laicos particularmente interesados en recuperar las prácticas contemplativas que eran tan habituales en los lejanos días de los orígenes del cristianismo y posteriormente perdidas con el paso del tiempo y por el escepticismo al respecto tanto de
católicos como de protestantes.

 

El modo en que encara sus propias enseñanzas Freeman es cristiano, pero de todos modos asegura que no es necesario ser creyente para beneficiarse de la práctica tan saludable de la meditación. De hecho, lo que hace Freeman está dirigido a personas de todo credo y condición, y entre los alumnos de su curso sobre Meditación y Liderazgo, impartido en el programa MBA de la Universidad de Georgetown (Washington), hay estudiantes de países y confesiones diversas.

 

Pero muchos se hacen la gran pregunta: ¿Qué es meditar?

 

La metodología de Freeman es la siguiente: buscar un espacio tranquilo y silencioso, sentarse con una postura cómoda y la espalda erguida, cerrar los ojos y estar tranquilo pero al mismo tiempo con cierta actitud de alerta y escucha permanente. Luego de algunos minutos tranquilizando la mente, se recomienda elegir una determinada palabra e introducirla de manera suave y relajada en el plano consciente, como un mantra.

 

Laurence Freeman y Dalai Lama

 

Durante el tiempo de la meditación (se recomienda que una sesión dure entre 20 y 30 minutos, aunque evidentemente los principiantes deberán comenzar con periodos más cortos y aumentarlos progresivamente), la actitud debe ser la de dejar pasar todos los pensamientos que atraviesan el plano consciente, tratando de no
juzgarlos, analizarlos ni reaccionar emocionalmente a ellos, como si fueran imágenes de una película.

 

Si quien está meditando se distrae por alguna razón, se debe volver a la palabra elegida y seguir permitiendo que los pensamientos sigan fluyendo.

 

En su libro "Mente abierta, corazón abierto", Keating explica que uno de los primeros efectos de la meditación es la de poder descargar las emociones traumáticas de la primera infancia que el sistema nervioso almacenó en el subconsciente y que aún no fueron bien digeridas (y que en buena parte condicionaron nuestro comportamiento actual), por lo cual los primeros días (o incluso semanas) de la práctica meditativa suelen ser los más complicados de implementar. Tanto la escuela de Keating como la de Freeman recomienda meditar al menos dos veces por día, preferiblemente por la mañana y por la tarde.

 

"La práctica regular de la meditación consigue desarrollar habilidades de liderazgo y hace más eficiente el trabajo de uno mismo y del resto de las personas de un equipo", dijo Freeman.

 

Y luego agregó: "Si no eres capaz de gestionar tu propia vida, no serás capaz de gestionar tus equipos. Conocerse a uno mismo es clave para controlar las propias emociones y mostrarse más compasivo hacia los demás".

 

Este trabajo introspectivo no es simple retórica del espíritu sino que produce saludables beneficios en el plano físico. Una cosa como consecuencia de la otra.

 

"Es una técnica que se fundamenta en el propio funcionamiento del sistema nervioso. Es interesante no confundir la meditación como técnica con la oración contemplativa. La primera se dirige a la atención plena al presente y a la conexión con uno mismo, y puede servir como base y fundamento para la oración
contemplativa. La segunda implica la incorporación de la trascendencia", destaca.

 

Según un estudio a cargo de la Universidad de Pittsburgh, la meditación aumenta la capacidad de la corteza prefrontal, la zona del cerebro asociada al razonamiento, la autoconciencia y la personalidad. Además, disminuye el tamaño de la amígdala, encargada de regular las respuestas emocionales, es decir, la que condiciona los estados de miedo, ansiedad, seguridad o euforia. De este modo, la práctica sostenida puede ayudar a aliviar trastornos como la ansiedad generalizada, las obsesiones o la depresión, además de fomentar actitudes como la compasión o la empatía.

 

"Llega un momento en que la meditación se hace tan valiosa que necesitamos compartirla con los demás", dice claramente Freeman.

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