¿Los robots sexuales tienen derechos?

Un reconocido filósofo dio su visión sobre el actual debate sobre la regulación de relaciones entre humanos y robots sexuales.
Sábado 21 de abril de 2018

Robots - derechos

El debate está sobre la mesa. Miles empiezan a hablar de los posibles derechos que se podrían otorgar a máquinas androides que son usadas por humanos con fines sexuales.

 

Para ampliar este análisis que ya convoca a cientos un experto en filosofía cultural e investigador principal del Instituto de Sociología y Filosofía de la Universidad de Ljubljana (Slovenia), Slavoj Zizek, reflexiona en un artículo para la cadena Russia Today acerca de las crecientes exigencias de proporcionar derechos a las muñecas sexuales, formuladas por quienes plantean que estas sufren de “humillaciones” y “maltrato” por parte de los humanos.

 

Según opina Zizek, los que proponen atribuir derechos a los robots, de hecho “no se preocupan” por las “máquinas” sexuales, ya que ellas no sienten “dolor”, sino por la naturaleza agresiva de los humanos, que podrían trasladar sus “actitudes brutales” a la vida real.

 

El experto habla de la complejidad que estas relaciones tienen en la mayoría de los casos. Expone que quienes usas la brutalidad y violencia en torno a las máquinas sexuales probablemente no se atreverían a hacerlo en la vida real con seres humanos. Aunque sostiene que es mejor que lo hagan ahí y no en la vida real.

 

Además, dice el filósofo, los “sexbots” bien podrían estar programados para ser “sádicos” que maltraten a los humanos. En ese caso, si los humanos proporcionan tales derechos a los robots y prohíben maltratarlos, eso equivaldría a considerarlos como “objetos” con “mínima responsabilidad y autonomía”, de manera que no habría que culparlos si ellos maltratan a los humanos.

 

Desde el punto de vista de Zizek, el mayor error de los que promueven los derechos de las muñecas sexuales consiste en aplicar estándares de la moral humana a la IA. Y plantea que con el futuro desarollo de la IA, los robots podrían desarollar su propia “psicología”, que sería distinta de la de los humanos.

 

En ese caso, concluye el experto, podría resultar que el indicio real de la “autonomía ética” del robot sexual no seá el hecho de que la muñeca pueda rechazar el maltrato, aunque esté programada para hacerlo, sino que pueda disfrutar del tratamiento brutal y convertirse de esa forma en un “sujeto real” del deseo, tan “inconsistente” como los seres humanos.

 

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