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Pasaporte a Rusia: todos los caminos conducen a Moscú

Viernes 1 de junio de 2018

Pasaporte argentino 

El viaje a Rusia comienza mucho antes de viajar. Sobre todo porque las medidas de seguridad extremas, son de un país que más allá de ser una de las tres potencias más importantes del mundo, es además un Estado que hace un culto a la protección nacional.

 

Por eso no es extraño que hasta los periodistas pasemos por un fino tamiz, que incluye un visado especial, con características similares a las de una película de suspenso.


El largo y espinoso camino a Rusia, comenzó con una visita al consulado ruso. Una pequeña oficina en el coqueto Barrio Norte, donde nos encontramos todos. Ahí no hay coronita. Desde el más encumbrado colega, pasando por ex futbolistas de basto y glorioso pasado deportivo, hasta el joven que se juntó el mango para ir a liberar para la FM barrial.

 

Allí ponemos a prueba dos de nuestros sentimientos más profundos. La paciencia y temor. Anuncian que atenderán apenas dos horas, pero para las más de cuarenta personas que estamos presentes parece, al menos, escaso.

 

A un ritmo de cuatro personas por hora, llegó mi turno. Dimitri, con una sonrisa más cercana al cansancio que su propio sentir, me dice que hubo un inconveniente con nuestros papeles y debe llamar al Ministerio de Interior ruso. La hora del temor había llegado.

 

¿Qué habré hecho? Desventajas de llamarse Fernández y tener entre mis tocayos, asesinos, estafadores, buscados por la CIA, la KGB y hasta por Maxwell Smart. "Vengan el jueves" me dijo, con un castellano limitado, pero entendible. Lo peor estaba por venir... 

 

Dos días pasaron tratando de hacer foco en la almohada, quien se negó sistemáticamente a ser mi amiga. Poco sueño, nervios de punta y un jueves que al fin llegó. Esta vez nos recibió Vladimir (bah, no le pregunté, pero tenía cara de Vladimir), está vez con una sonrisa. No es extraño, los rusos solo le sonríen a personas que ya conocen.

 

Ahí estaban otra vez varios colegas, algunos de ellos ya transportados y con las defensas bajas. Me crucé con Óscar Ruggeri, en su tercer intento de conseguir su Visa. Calculo que a esta hora ya la tendrá...

 

En fin, después de varias horas y tras pasar por un sinnúmero de manos, Dimitri me mira y se sonríe, señal inequívoca de que la suerte estaba de mi lado: El pasaporte con bendito sello ya estaba en mis manos.

 

Atrás quedó la imagen de Anna, una joven que desde hace diez años vive en la Argentina y me cuenta que "Somos más parecidos de lo que crees"... o Elena, casada con un argentino y con tres niños de doble nacionalidad y un álbum de figuritas universal en sus manos.

 

Me fui casi extrañándolos. Miré a todos como diciendo, "yo también pasé por esto"... y me fui pensando lo que me dijo Nikolay, un sexagenario con muy buen humor: "Te dieron la visa, ahora ya puedes ir a Siberia". No sería lo que tengo pensado, pero espero entender los carteles de la ruta.

 

Por José Manuel "Gallego" Fernández.

Periodista de Canal 26 - Viajero Mundial exclusivo en Rusia 2018

*INVITADO DEL DÍA DE DIARIO26.COM

 

 

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