REDUCCION A LA SERVIDUMBRE

Miercoles 25 de Junio del 2008

El cura acusado en La Pampa se negó a declarar

El sacerdote Ricardo Latorre Cañizares se presentó ante la Justicia para prestar declaración indagatoria por los delitos que se le imputan por supuesta explotación y defraudación de unas 70 jóvenes católicas.

El cura español Ricardo Latorre Cañizares imputado junto al vicario de la diócesis de Santa Rosa, Antonio Martínez Racionero, del delito de "servidumbre y defraudación" contra internas del Instituto Servi Trinatitis se presentó hoy ante la justicia pampeana pero se negó a declarar.

El sacerdote se presentó este miércoles a la indagatoria citado por el juez que entiende en la causa, Carlos Flores, iniciada por familiares de internas y externas del instituto que funciona en Santa Rosa.

Latorre Cañizares se presentó acompañado por su abogado, Francisco Marull, que patrocina a los dos sacerdotes imputados, y según informaron fuentes judiciales, se refirió a "cuestiones meramente religiosas" y "se negó a responder las preguntas que le formuló el juez en relación a la causa".

La misma actitud tuvo el lunes último el vicario de la diócesis de Santa Rosa y segundo en jerarquía del ex obispo diocesano de La Pampa, monseñor Adolfo Brédice, quien ahora será reemplazado por Mario Poli, tras ser designado por el Papa Benedicto XVI.

Tanto los sacerdotes como el abogado que los patrocina se muestran sumamente "optimistas y confiados" en la causa y se encuentran a la espera de acceder al expediente, según confirmó a Télam Marull.

La denuncia contra los dos curas españoles que llegaron a Santa Rosa hace varios años fue presentada por familiares de once jóvenes reclutadas por el vicario en la Iglesia Catedral, quienes de acuerdo al abogado de las familias, Omar Gebruers, padecen síntomas similares al "síndrome de adoctrinamiento sectario".

Según la denuncia, las jóvenes tienen una vida consagrada dentro del instituto, han hecho votos de pobreza y entregado todos sus ingresos y tarjetas a los dos curas imputados.

Además, sufren pérdida de peso, desvanecimientos, fobias y trastornos de personalidad; tienen severas dificultades para relacionarse con las personas, no se abrazan ni tienen gestos afectuosos con sus padres o su familia y siguen una dieta rigurosa en la que tienen prohibido probar dulces o chocolates.

Una de las denuncias de los familiares radica en el manejo del dinero de las internas que realizan los curas.

Los familiares acusan a los dos sacerdotes de "apropiarse del dinero fruto del trabajo de las personas reducidas en su voluntad".

        


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