EL PRIMER CINE DE LA PATAGONIA

Sábado 17 de Junio del 2006

El 揝an Jos閿 de Chos Malal: Un verdadero Cinema Paradiso patag髇ico

Chosmalal

Si hablamos del camino de los cinematógrafos en la Patagonia, todas las referencias históricas nos llevan al que fue el primero en encenderse (o apagarse, según se lo prefiera), ubicado en la que fue la capital del viejo Territorio Nacional del Neuquén: la norteña ciudad de Chos Malal. Y los algo menos de 15 mil habitantes que tiene este golpeado pueblo cordillerano neuquino siguen rindiendo homenaje a quien fuera un verdadero Giuseppe Tornattore, creador de la recordada película “Cinema Paradiso”.

Por Elio Brat, desde Neuquén

El nombre de este singular personaje patagónico fue Pedro Secundino Peri, un porteño de La Boca que llegó en el ‘28 a Chos Malal buscando azufre. Pese a no encontrar el mineral, Don Peri se quedó igual para realizar un viejo sueño que tenía: inaugurar un cine. Lo llamó “San José” y actualmente, al seguir funcionando luego de varios tropiezos –como tantas salas en el resto del país- , es el decano de los cines de toda la Patagonia. Todo un lujo para la memoria de Don Peri, quien llegó a vivir nada menos que 101 años.

En el programa con el que este viejo cine de pueblo se reinauguró, en agosto del ’97, se leía: “… hace seis años Don Peri se fue a jugar al póker, a contar historias y meterse en el guión de algunas películas de aventuras”, recordando la figura de este extraño hombre que pasó y vivió por estas tierras resecas de la Patagonia.

Y aunque no se crea, Chos Malal llegó a tener tres salas cinematográficas. La de Peri fue la primera y estaba ubicada en lo que hoy es un baldío, justo enfrente del Correo chosmalense, en la esquina de General Paz y Urquiza. Hasta allí llegaron muchos de los buscadores de oro de la década del ’40 y seguramente se habrán identificado con las imágenes en celuloide que mostraban a un Carlitos Chaplin que hacía lo mismo que ellos pero en “La quimera del oro” del oeste norteamericano.

También se supo mucho después que, siempre cuando las luces se apagaban, en las últimas filas del “San José” se ubicaba el conocido y admirado “bandido” pampeano Bairoletto, quien disfrutaba las películas del lejano far west norteamericano, muy parecidas a sus propias aventuras en tierras argentinas tan alejadas de las grandes urbes capitalinas.

“La llegada del material ya era toda una aventura porque las películas se mandaban desde Buenos Aires a Bahía Blanca y de allí llegaban a Zapala, desde donde por camión la traían para acá” contó a este corresponsal el hijo de Don Secundino, Pancho Peri, quien también recordó que hasta hace muy pocos años se tardaba casi un día para llegar a Neuquén capital desde Chos Malal, recorriendo los 400 kilómetros que separan a ambas ciudades. Pancho, como en la película de Tornattore, fue 25 años proyectista de su padre en el Cine “San José”.

Otro chosmalense que revive historias cuando le nombran al cine de su querido pueblo –“nuestro cine, el cine de Chos Malal”- es Alfonso Uribe, también colaborador de Don Peri. “las funciones eran continuadas y las películas se iban pegando un rollo tras otro… Pero como el proyector era muy viejo, cada tres funciones se rompía y siempre en mitad de la función. Entonces había que arreglar la cinta y Don Peri me mandaba a mí para que hiciera una pieza de baquelita a mano con una hojita de sierra. Y como se tardaba algo de tiempo, Peri se iba hacia la pantalla, que sólo era una parte de la pared pintada, se paraba delante de la gente y contaba alguna de sus anécdotas en Buenos Aires. De su amor por los burros y sus fotos con Leguizamo y Gardel. Y hasta contaba cómo terminaba la película que se estaba proyectando”. “Ahí es cuando ligaba algún tomatazo o la gente le pedía que a gritos que le devolviera la entrada, cosa que Don Peri hacía sin hacerse ningún problema” recordó otra vecina, asidua espectadora del cine en Chos Malal.

Esta espectadora, nacida en Chos Malal, fue hace un tiempo la secretaria municipal de Cultura del pueblo. Se llama Betty Brizzio, y las vueltas de la vida le dieron la satisfacción de administrar y dirigir por un tiempo esta sala que hoy sigue bajo la órbita municipal.

El director de cine porteño José “Pepe” Santiso –cuya película “De mi barrio con amor” fue la primera en reabrir el “San José” después de muchos años de total oscuridad-, recordó que “abrir o reabrir un cine es algo fundamental porque el hecho social que implica la proyección en una sala pública es valiosísimo y es algo que no se puede perder”. Otro realizador, compositor de músicas para varios filmes, José Luis Castiñeira de Dios –quien empezó sus experiencias en cine en la década del ’70 justamente en el norte neuquino junto a documentalistas de la talla de Jorge Prelorán y el cipoleño Lorenzo Kelly- dijo en ocasión de regresar a Chos Malal que “es muy importante que se abran cines en todo el país porque así se pueden mostrar producciones nacionales que son muy valiosas”.

Finalmente, Raúl Tosso, el recordado director de “Gerónima” y más recientemente de “1420 – La aventura de educar”, no dudó en asistir al momento que lo invitaron para conocer el primer cine de la Patagonia argentina. “El fenómeno social de que la gente se reencuentre en una sala donde se abre esa ventana que es la pantalla y allí pueda reconocer sus lugares, sus actores y verse a sí misma, siempre es una gran cosa y vale la pena cuidarla”.

Ya lo creo que vale la pena. Los patagónicos lo sabemos de sobra.

¡Salud, hermoso cine “San José” de Chos Malal!
        

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